miércoles, 29 de enero de 2014

1984, primeras líneas

Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él.

El vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas. Winston se dirigió hacia las escaleras. Era inútil intentar subir en el ascensor. No funcionaba con frecuencia y en esta época la corriente se cortaba durante las horas de día. Esto era parte de las restricciones con que se preparaba la Semana del Odio. Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de varices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adonde-quiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie.

lunes, 20 de enero de 2014

RESEÑA: La sanguijuela de mi niña, de Christopher Moore

Muchas veces uno no necesita leer una de esas novelas imprescindibles para los respetuosos amantes de la literatura, o meterse en una larga saga con profundos desarrollos de escenarios y personajes, ni conocer una nueva e interesante especulación de ciencia ficción. A veces lo que mejor viene es leer una gamberrada, divertirse como cuando no era más que un adolescente leyendo un libro sin más pretensiones que las de hacer reír al destinatario. Cuando esto ocurre, normalmente suelo recurrir a mi idolatrado Terry Pratchett con su Mundodisco, o al planetario Eduardo Mendoza en su vertiente más desenfadada. Desde ahora, uno al selecto grupo a Christopher Moore, a quien he conocido con uno de sus primeros éxitos (1995): La sanguijuela de mi niña.



Moore bien podría considerarse una versión estadounidense de Pratchett. No escribe tan bien como el inglés (que por algo es Sir), pero resulta tremendamente divertido, y aunque sea un poco caer en el tópico, donde el británico hila más fino, este adquiere un estilo más directo, esto es, nos deja un sabor “más americano”. No quiere decir ello que sea una obra de poca calidad, sino sencillamente que no emplea gran cantidad de recursos narrativos para lograr lo que desea: una lectura entretenida, franca y de gran fluidez en especial en los diálogos, lo que posee un mérito incuestionable.

En cuanto a la historia, está centrada en dos personajes: Jody, una vampira recién convertida en tal, que irá descubriendo los secretos de su nueva condición al mismo tiempo que el lector, y Tommy, un escritor de medio pelo, recién llegado a San Francisco desde un pueblucho trayendo consigo sus aspiraciones artísticas y que trabaja en el peculiar turno de noche de un supermercado, probablemente un alter ego del propio Moore.

martes, 14 de enero de 2014

300 (y pico)

No, no hablo de Esparta, sino de Cree Lo Que Quieras, que hace unas entradas cumplió las 300. 300 y pico textos ya subidos a lo largo de estos casi 5 años de blog. Casi un centenar de seguidores de blogger, que van para los 180 de google. Más de 80 reseñas. 40 microrrelatos, docena y media de relatos largos, y unas cuantas entradas hablando de obras maestras del cine, de música épica seleccionada de algunas buenas bandas sonoras (de mi gusto), y de muchas, muchas, muchas cosas más, de mayor o menor importancia (habitualmente menor), incluyendo por supuesto mis pequeños logros como escritor.

Las entradas previas no han sido seleccionadas a la ligera. En la número 299 hablaba de Visiones 2012, una de las mejores antologías en las que he participado. Reservé la más especial, la que cumplía el secreto aniversario, para un relato que me pedía ver la luz desde hace tiempo, El gran negocio. Y la siguiente, la que encara la cuarta y larga centena, para la reseña de uno de los mejores libros que he leído en mi vida, Hijos de la Medianoche.

¿Y ahora qué?
Por un lado siento enorme pereza de seguir escribiendo, trabajándome cada entrada, subiendo relatos que pocos leerán (la relación de lecturas de una reseña a un relato es, en el mejor de los casos, de 2 a 1; en el peor, de 6 o 7 a 1; no obstante lo entiendo: un blog es internet, e internet es consumo rápido). Incluso 80.000 son pocas visitas para un blog como este.
Por otro lado, soy plenamente consciente de que de vez en cuando me apetecerá seguir contando alguna historia, hablando sobre el último libro que haya leído o sobre esa película que se me antoja genial y que muy pocos conocen.

La solución es sencilla: seguiré por estos lares, si bien quizá con menos frecuencia (detalle fácil de comprobar en lo que va de año). O a lo mejor dentro de un mes estoy a tope, posteando a diario. Nunca se sabe. Aunque tiene más pinta de lo primero.

Por último, quiero agradecer a esos 80.000 (y pico), que quizá se irían a 100.000 (y pico) desde que abrí el blog (cosas de antiguos y nuevos contadores) el caso que me han hecho estos años, sobre todo a los que no han entrado en CLQQ por error, más aún a quienes han leído lo que escribía, y por encima de todos a quienes, además de todo lo anterior, han comentado, aunque fuera para decirme que no les gustaban mis palabras. Brindo con y por todos ellos y ellas:




lunes, 30 de diciembre de 2013

RESEÑA: Hijos de la Medianoche, de Salman Rushdie

Hay novelas que se supone que son tan buenas que cuesta realizar una aproximación a ellas sin que a uno se le pase por la cabeza un “¿y si no me gusta tanto?”. Escogiendo ejemplos dispares y no relacionados: La Odiseame deleitó  con locura, pero El guardián entre el centeno, reconociendo su mérito, me dejó frío. El libro de la selva es maravilloso, pero La montaña mágica, aún disfrutando enormemente de alguno de sus pasajes, se me hizo pesado. Es el problema, ya no de las altas, sino de las altísimas expectativas. Pues bien: Hijos de la Medianoche de Salman Rushdie tiene la etiqueta de una de las mejores novelas del siglo XX. Yo no sé si merece tan extrema calificación, pero desde luego la cuento entre las mejores que he leído en mi vida; eso si puedo decirlo.



Ya desde su rutilante primera página, Rushdie hace gala de un casi ilimitado elenco de habilidades literarias, porque que quede claro: estamos ante un escritor monumental, que domina la palabra escrita con maestría; sus textos son dignos de pararse a releer y embelesarse con ellos y la forma en que construye metáforas –la propia novela lo es-, deja pasmado. No obstante, por grandilocuentes que suenen mis palabras, no quiero causar una impresión equivocada. Hijos de la Medianoche es un libro técnicamente impresionante, alambicado y con muchas capas por encima y por debajo de la que estemos leyendo en cada momento, pero también sorprendentemente asequible, lo que lo hace más meritorio, si esto es posible.

La novela ha sido con frecuencia comparada con Cien años de soledad y su estilo encuadrado dentro del realismo mágico. Quizá algunos puristas afirmen que este género es solo cosa de Gabo y compañía, pero el hecho es que el británico nacido en Bombay (como Kipling) dota a su novela de algunos elementos siempre asociados al realismo mágico, como la frecuente metanarración, la continua presencia de elementos fantásticos poco o nada explicados pero tratados con naturalidad, con el realismo que indica su propio nombre, o la ruptura de los tiempos que aquí es llevada con habilidad malabarística hasta su máxima expresión. Es decir, aunque la narración sea a priori lineal, una autobiografía y por tanto en primera persona, se nos anticipan acontecimientos continuamente en la voz del narrador indicando futuros éxitos, desastres y todo tipo de clímax, sin que ello conlleve en absoluto desvelar los numerosos hitos del brillante argumento, de igual manera que ecos de sucesos ya ocurridos vuelven a nosotros con frecuencia, con buenas dosis de humor inteligente, mencionado sea. Así, a posteriori resulta difícil considerar esta historia con la linealidad de un camino, sino más bien como un paseo por el bosque en el que en cada momento oímos tanto los ecos de gritos de sorpresa emitidos en las partes que ya hemos recorrido como los de las que nos quedan por andar, por lo que sabremos que poco más adelante alzaremos la voz, pero resultará difícil imaginar el porqué.

martes, 17 de diciembre de 2013

RESEÑA: Visiones 2012

Mediante la antología Visiones, la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) trata de dar a conocer a algunos de los nuevos valores de estos géneros con una selección de sus relatos. La colección lleva publicándose desde 1992, con algún que otro parón, y por ella han pasado algunos de los mejores escritores de las últimas décadas. Tras un par de años de descanso, en este 2012 ha vuelto a realizarse, en esta ocasión, además, con la mejor portada que le recuerdo:



Esta vez, además, la celebración es doble, pues no solo regresa una antología imprescindible, sino que mi relato El Señor de los Anillos a través de los tiempos ha sido incluido en la selección de Los Verdhugos (mil gracias por ello). Como siempre intento hacer con las antologías, dedicaré unas líneas a cada uno de los relatos que la componen, pero ya adelanto que todas las historias me han gustado, y aunque algunas tocan cuestiones similares, siempre lo hacen desde diferente óptica, por lo que no hay dos relatos iguales, ni parecidos. Por no hablar de que incluso son de diferentes géneros. Pero mejor me dejo de generalismos. Ahora, la selección:

- El aeropuerto del fin del mundo, de Tamara Romero: relato en que, ante la inmediatez del fin del mundo, se nos llevará a un aeropuerto en el cual presentarnos unas inolvidables escenas surrealistas con gran fuerza.
- Mejoría de la muerte, de Weldon Penderton: con reminiscencias del caso del señor Valdemar, contemplaremos con intensidad una situación familiar desagradable por el poco habitual manejo de la cercanía de la muerte de uno de sus miembros.
- Alma compartida, de Óscar Muñoz Caneiro: una buena narración en la que, con el muy actual trasfondo de estos tiempos de crisis y eres, conoceremos la surrealista relación entre el honrado portero de un edificio y su entorno. Muy original.
- La voz de la razón, de Aitor Solar Azcona: historia de terror clásica que juega con la doble explicación de unos acontecimientos: ¿razones del resultado de un experimento científicas o sobrenaturales?
- La sonrisa de Mickey Mouse, de Manuel Moreno Bellosillo: en este relato la Disney realizará una demanda sin precedentes; una buena idea para el relato con un desarrollo lleno de morbosa naturalidad.

martes, 10 de diciembre de 2013

MICRORRELATO: No hay quinto malo

Hoy es un día de angustia para los Cinco de Liverpool. Tras la virulenta explosión de odio justificados por los despidos en masa de las fábricas de la ciudad, los miles de desahuciados han considerado al grupo anarcosindicalista como la chispa de pasión que inflamaba los ánimos del resto de luchadores por los derechos y la libertad, o terroristas, que dirían los otros. Pero a Paul, Ringo, George y Crispy se les han llenado las tripas de escarabajos cuando John les ha comunicado su irrevocable decisión de dejar la banda, debido a la necesidad de atender sus responsabilidades familiares. “¿Y qué hay de las responsabilidades con todos tus seguidores?”, dice el quinto miembro. Tras acalorado debate, logra convencerle de que continúe. Nadie compone detonadores y dinamita como él; resulta imprescindible.

En un universo paralelo cuya conexión con el nuestro se antoja a la par tan insalvable como inefable, John Lennon en realidad se dedica a la música, componiendo canciones sobre la vida y el amor, pero a fin de cuentas sigue intentando dejar en la estacada a Paul, Ringo y George afirmando con relamida expresión: “mi familia es el pilar de mi vida, sin ellos me siento nada”, cuando le recriminan por llevar su pareja al estudio. Entonces John anuncia su cambio de aires, ningún quinto miembro abre el pico ni le convence de que se quede.

sábado, 30 de noviembre de 2013

RESEÑA: Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo

Felipe II muere accidentalmente en el apogeo de su reinado, pero en lugar de sucederle Felipe III (lo que en la realidad, grosso modo, supuso la primera pedalada de un larguísimo cuesta abajo y sin frenos para España), tras un cruento conflicto lo hace el bastardo Juan de Austria, victorioso y lleno de gloria tras Lepanto. Esta circunstancia y muchas otras (entre las que destacaría la no adhesión fanática al catolicismo o la permanencia de los judíos en la península), permitirán un desarrollo de los acontecimientos en el que bien entrado el siglo XX nadie en el mundo le tose al imperio español, y esa es la ucronía desde la que parte Danza de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo.


La acción transcurrirá en un 1927 alternativo, en el que de la mano de Joannes Salamanca, soldado curtido y duro, no especialmente brillante, pero con notable instinto de supervivencia, iremos conociendo la propuesta para este otro mundo decididamente steampunk que realiza Vaquerizo, llena de autocoches que funcionan con hulla y reminiscencias evocadoras a una época pasada estirada hasta los hechos, que parecen ubicar la acción más próxima al siglo de oro que en este ucrónico XX. El color con el que se pinta la historia es uno de los grandes logros de la novela, no cabe ninguna duda. Pero si la historia fuera solo color, agotaría los ojos a las 50 páginas, y no es el caso de esta danza.

domingo, 24 de noviembre de 2013

MiNatura 131: Ray Bradbury

Muchas son ya las colaboraciones que he tenido el placer de tener con miNatura, la revista de lo breve y lo fantástico, en la que entre otras cosas, se pueden encontrar estupendos microrrelatos de hasta 25 líneas. No podía dejar de hacerlo en este número bajo ningún concepto, pues está dedicado a un escritor maravilloso, y así se lo parece a todos los que hemos jugado alguna vez a esto de la ciencia ficción: Ray Bradbury (Crónicas Marcianas, Fahrenheit 451, El hombre ilustrado...).



En este caso colaboro con el microrrelato El árbol del ahorcado (The hanged man tree), homenaje nada velado a El hombre ilustrado. La revista podéis encontrarla en formato pdf, como siempre de forma gratuita, tanto en su versión en castellano como en inglés. Para ver el índice que refiere al resto de interesantes contenidos, podéis hacerlo aquí.

jueves, 14 de noviembre de 2013

MICRORRELATO: Últimas conveniencias

Soy el último hombre sobre la tierra, solo que sin enemigos que observar tras una ventana ahumada, pasado que me recuerde que hubo una vida mejor, ni perro mestizo y feúcho que me haga compañía.

¿Qué me queda entonces? No lo sé. Nada, supongo, excepto este mar inmenso de agua que no moja, donde ni siquiera puedo bañarme, sobre el que andar el camino de un viaje eterno que no lleva a ningún puerto. No obstante, no siento angustia, ni siento miedo, ni siento tedio, ni siento alegría ni amor por nada ni por nadie, porque ya no recuerdo lo que es sentir, porque ya no recuerdo nada, excepto que existía algo que no debía olvidar y ahora se ha convertido en el reflejo de una chispa de luz escupida por un cristal roto.

O quizá mi deber sea no recordar nada, puesto que soy el último hombre sobre la tierra y me conviene no recordar el cómo ni el porqué.

domingo, 10 de noviembre de 2013

RESEÑA: Calabazas en el trastero: Creaturas

Hoy vuelvo a hacer una parada en la siempre interesante antología Calabazas en el trastero (ya lo hice con sus especiales Bosques, Catástrofes Naturales y Horror Cósmico). Para quienes no conozcáis la colección, cada número está compuesto por trece relatos de diferentes autores de temática común en los que prima el género fosco, esto es, los ambientes perversos y misteriosos y los abismos que te devuelven la mirada, que diría el filósofo. En este caso el tema común es Creaturas: creaciones y engendros que, de un modo voluntario o por accidente, acaban mostrando un lado siniestro, parafraseando la convocatoria. Además, tengo el honor de participar de nuevo en la misma con mi relato Garras para Algernon.


Como ya es norma general en la colección (y confiemos en que siga siéndolo), aunque alguno de los miembros del equipo pueda destacar en algún aspecto, todos ellos mantienen muy buen nivel, no haciéndose aburrida ninguna de sus lecturas; no existen inclusiones de relleno en la selección. A continuación, como siempre trato de hacer con las antologías, daré mi opinión de cada integrante por separado (por orden de aparición en el libro), señalando los que según mi criterio intentan levantar la cabeza un poquito más sobre el ya por sí alto nivel de la antología:

Garras para Algernon (por Pedro López Manzano). Aunque es un relato con muchas referencias, el principal homenaje es hacia Flores para Algernon de Daniel Keyes, el inmenso clásico de cifi, aunque dándole un par de vueltas de tuerca extra.

Involución evolutiva (por Andrés Díaz Hidalgo). Un Frankenstein genéticamente modificado será perseguido, no por granjeros con azadas y horcas, sino por profesionales bastante mejor preparados.

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