sábado, 25 de octubre de 2014

Visiones 2012... y 2014

Muchos recordaréis que tuve la suerte de participar en la antología de la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) Visiones 2012 con el relato El Señor de los Anillos a través de los tiempos.


Ahora aprovecho para mencionar (es una noticia relativamente nueva) que la colección, que además tiene presencia merecida en los próximos premios Ignotus, está disponible en formato digital en la plataforma LEKTU bajo la modalidad de pago social (gratis publicitando en redes sociales) o al irrisorio precio de euro y medio. No conocía yo este método; interesante, la verdad ¿No merece la pena? Creo yo que sí.

Por otro lado, y esto sí es novedad, ha salido la lista de seleccionados para la nueva antología de la AEFCFT: Visiones 2014, con la temática abierta de next minute, o sea, cifi en una prospección temporal corta. Y tengo el privilegio de repetir en la estupenda colección con mi relato Güijas cuánticas y bufandas del Atleti, una mezcla de ciencia ficción, humor y especulación familiar.

Aquí, la lista de seleccionados:
El Gran Hotel CatalonianMiguel Ángel Chamizo Jodar
DiminutosJavier Urquiza López
Los pocos minutos que nos quedanSergio Gaut Vel Hartman
Mi padreMarco Antonio Marcos Fernández
El Proyecto AcuatécniaNéstor Bardisa
Proyecto PlanetaPedro Moscatel
HoaxJavier Fernández Bilbao
Hijos de CoubertinAntonio González Mesa / Juan Glez. Mesa
Chico ProblemáticoMagín Méndez Sanguos
MuñecaAlejandro Valiente Lourtau
Gastronomía españolaFrancis Novoa
La moleCarlos Romeo
Sabemos lo que te gustaAitor Solar Azcona
DunaRicardo Cortés Pape
Fecha de caducidadAnaid Ofelia Pérez Mendoza
Hotel SaharaJuan Jesús Botí Hernández
Jugar un juegoSandra Monteverde Ghuisolfi
Tú tienes que estar conmigoAlfonso José Gijón Morales
Güijas Cuánticas y bufandas del AtlétiPedro López Manzano
El penúltimo díaVicent Sala Enguix

¡Enhorabuena a todos! Y a mí, pues también, que últimamente iba necesitando ya una alegría.

lunes, 20 de octubre de 2014

Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami

Ya comenté con Kafka en la orilla la espectacular capacidad de Haruki Murakami para crear singularidades dotadas de encanto capaces de atrapar al lector y embelesarlo con su magia. Aprovechando que, otra vez, el escritor ha vuelto a perder el premio Nobel de literatura a pesar de ser el máximo favorito, otra vez, voy a hablaros de su Sauce ciego, mujer dormida.



En primer lugar hay que indicar que se trata de un libro de relatos, ante lo cual muchas veces surge la pregunta obligatoria de si un extraordinario escritor de novelas lo sigue siendo también cuando cambia de formato, que no siempre ocurre. No realizaré circunloquio alguno y zanjaré este apartado antes de que dé dos pasos: Murakami es extraordinario como novelista y cuentista, y punto. Su prosa detallada y realista referida con frecuencia a situaciones extrañas dota de tal naturalidad a sus historias que cuando incorpora elementos más extraños, cruzando o no los límites de lo sobrenatural, el conjunto permanece encuadrado dentro de unos márgenes de credibilidad que no nos hace cuestionar especialmente estos saltos entre fronteras, tan propios del japonés como sin ir más lejos del realismo mágico, al que a veces se aproxima aunque no cultive.

martes, 7 de octubre de 2014

Calores, premios, reseñas rápidas y otras historias

- En primer lugar, siento no haberme pasado por aquí este verano lo que quienes de vez en cuando creéis lo que queréis os habéis merecido, pero si ya había decidido relajar mi ritmo de publicación, inesperados acontecimientos me han obligado a apartar más todavía. Espero poder volver, pero los próximos meses serán, como mínimo, tranquilos. Valga este post telegramático como aviso.
- Hace un tiempo se hicieron públicas las nominaciones a los patrios premios Ignotus. En el enlace tenéis el listado completo, pero me gustaría destacar aquellas a las revistas Terbi, miNatura y Planetas Prohibidos, con las que he colaborado en ocasiones, así como a la estupenda antología Terra Nova vol II., y a Cuentos para Algernon, site que nunca me cansaré de recomendaros. Próximamente, el fallo.
- A nivel personal, mi microrrelato "Mientras tanto", uno de aquellos de los que me siento más satisfecho, acabó entre los finalistas del II Concurso ELACT de Cartagena. 54 finalistas de 505 presentados, no gané, pero creo que el ratio es bastante satisfactorio.
- Ahora voy a reseñar brevemente de un par de lecturas que, por no ser de género, no voy a reseñar más extensamente, mas al menos he de mencionar. La primera es Rayuela, de Julio Cortázar. En mis primeros tiempos universitarios, leí muchos cuentos del argentino, lo que sin duda me influyó a la hora de cultivar este formato. Desde entonces tenía pendiente su obra más célebre, Rayuela, que se puede leer de principio a final, de principio a mitad (lo más parecido a una novela), dando saltos entre capítulos según un orden indicado por Cortázar, o como a uno le venga en gana. Se trata de una maravilla de libro, y su prosa poética hechiza. Además, es tan complicado y exigente como dicen, caótico y lleno de referencias cultas sobre pintura, jazz, filosofía y todo lo que se le antojara al escritor en aquel momento, amén de deliciosos juegos metaliterarios.



- Ahora, minireseña de El Mar, de John Banville. Premio booker y más célebre novela del que algunos consideran el más fino estilista de la prosa en inglés a día de hoy, y que tan rimbombantes calificativos como mínimo despertaron mi curiosidad, además de alguna recomendación más cercana. Su prosa, en efecto, es maravillosa, cuidadísima y pulida, y aunque también sea exigente, y en este particular con un tiempo narrativo totalmente desarticulado, pasando en una línea de pasado a presente o de descripción de la acción a diálogo interior, su lectura es sorprendentemente ágil. Además excede en poco las 200 páginas, y aunque no le sobra nada, tampoco parece que le falte.



- Por último vuelvo a los géneros que aquí suelen aparecer, cortesía de Josema Baeza de la imprescindible web Los octaedriles, y en un tono mucho, mucho más ligero, debo hablar de la antología de terror ¿Qué ha sido eso?, de varios autores, en la que se recurre de forma irreverente y poco pretenciosa a los tópicos más clásicos del terror. Se trata de un puñado de páginas rezumantes de pulp en las que nos presentan relatos quizá de desigual calidad pero que aseguran unos ratos de entretenimiento, que no es poco.



- Pues lo dicho. Espero volver pronto con Murakami, Matheson o Leiber, entre otros.

lunes, 4 de agosto de 2014

Frente a mis ojos

Autobús demasiado rápido. Placas de hielo en la carretera sobre el lago helado. Un deslizamiento antinatural e incómodo, como haciendo equilibrios sobre los dedos de un pié. Un chasquido, un crujido, y de repente no hay gravedad. Unos viajeros entrechocados contra otros como el relleno de unas maracas. Un tipo corpulento y malencarado, con un parche en el ojo, se aferra a mí en una presa invencible. En su único ojo veo pánico salvaje, o salvajismo despavorido, quizá ambos.

Golpes desde todas partes, más regresos y desapariciones de la gravedad. Cristales rotos y de repente todo está frío y mojado mientras el autobús se hunde. Lo único que permanece intacto es el abrazo del tuerto aterrorizado.

Entonces mi vida desfila en una rápida sucesión de imágenes frente a mis ojos. Soy solo un niño en una cocina mugrienta y unas manos nerviosas me golpean hasta hacerme sangrar. Espero a otro niño en el patio del colegio y le doy una pedrada en la sien, y lo disfruto; es mi venganza, y no es justa, pero no me importa.

Esta…
Aguardo en un zaguán con un cuchillo en la mano. Paso un dedo calloso por el filo haciendo la presión justa para no sajarme. De repente aparece una mujer despistada por la puerta. La empujo contra la pared, la estrello contra ella y la aguanto ahí. La navaja en su cuello la mantiene callada mientras la recorro. No sé si me gustan más sus lágrimas, su tacto o el calor de su cuerpo al hacerlo mío.

… No es…

Ese desgraciado lleno de tatuajes se me acerca con un cuchillo en la mano. Está oscuro, pero el metal capta brillos reflejados de las farolas. Me ataca y lo esquivo. Vuelve a hacerlo y me alcanza en la cara, pero baja la guardia y aprovecho. Le doy con la tubería de plomo en la mano y suelta el arma. El siguiente golpe, en la frente, lo noquea. Los últimos le hunden el cráneo en secos restallidos. Me llevo la mano a la cara; algo húmedo y cálido chorrea de mi cuenca ocular.

… Mi vida.

Esta no es mi vida. Esta no es mi vida. Me empapo de agua helada de un golpazo. Estoy viendo pasar frente a mis ojos la vida del tuerto criminal del asiento de al lado. Debe haber un error. Si el tópico de la vida como sucesión de imágenes en un último instante es cierto, también puede serlo el del cielo y el infierno. Trago agua gélida. Me quedo sin aliento. Esta no es mi vida. No quiero su vida, quiero la mía. No puedo respirar. Que alguien me ayude.

miércoles, 9 de julio de 2014

El ascenso de Endymion, de Dan Simmons

Tras tocar el cielo de la ciencia ficción recibiendo los más importantes premios con la brillante novela Hyperion y su muy buena continuación La caída de Hyperion, Dan Simmons decidió regresar a su celebrado universo con la mucho más tibia Endymion, para contar acontecimientos tres siglos posteriores a las dos primeras novelas, que a su vez sirvieran para atar cabos sueltos, especular con la evolución histórica tras aquel tiempo, y narrar nuevas aventuras. Por fin, acabará el ciclo con la continuación de esta, El ascenso de Endymion (1997), con la que poner el punto y final al extenso equipo de personajes y bandos desplegados hasta entonces.

Hagamos ahora un poco de recapitulación. Aunque las cuatro novelas puedan considerarse una tetralogía, resulta más sensato hacerlo como dos bilogías relacionadas. La primera, llamada propiamente Los Cantos de Hyperion (aunque este nombre se extiende a las cuatro), formará parte de la segunda no solo como precursora literaria, sino como supuesta obra poética contenida dentro de esta segunda historia, y múltiples veces referenciada a lo largo de la tercera y cuarta novelas. Por lo tanto, aunque lo recomendable sería lanzarse con las cuatro obras para disfrutar de todo el conjunto, resulta bien factible leer solo las dos primeras, e incluso posible tan solo las dos últimas, si bien esto último no sería del todo recomendable.

Juegos metaliterarios aparte, lo que sí resulta imprescindible es conocer Endymion para leer El ascenso de Endymion. Ya comenté que a pesar de la demostrada pericia de Simmons como escritor, con la tercera parte bajaba considerablemente el nivel respecto a la bilogía inicial en complejidad e interés, quedando muy pendiente su valoración definitiva de esta última parte. Afortunadamente el escritor americano volvió a ponerse las pilas escribiendo una estupenda novela en la que volvía por sus fueros. El ascenso de Endymion vuelve a ser una historia coral (una de las grandes virtudes de los Cantos), que aunque tenga los mismos dos protagonistas evidentes que su precursora inmediata, nos cuenta muchos más puntos de vista, alguno de ellos secundarios sin una labor crucial en la trama, pero que enriquecen cuantitativa y cualitativamente el conjunto hasta lograr que dé el salto de calidad que la colocaría a un nivel equivalente al de La caída de Hyperion. Vuelven las múltiples tramas, los complots universales, las intrigas empresariales (casi palaciegas, o deberíamos decir religiosas), los bandos con múltiples intereses, cada uno de su padre y de su madre, y dejamos a un lado esa linealidad, que por impecablemente contada que estuviera, se volvía a veces un poco insulsa.

Especial Cantos de Hyperion, de Dan Simmons.

Y por fin ve la luz la última reseña de los Cantos de Hyperion, y con ella concluye el especial sobre la extensa saga de Dan Simmons.
Recordemos que está formada por dos bilogías que conforman una tetralogía, pero que pueden ser leídas de forma independiente.
En primer lugar, los Cantos de Hyperion propiamente dichos, integrados por:

Hyperion (1989):


La caída de Hyperion (1990):



Y cerrando la saga y narrando acontecimientos tres siglos posteriores:

Endymion (1995):


El ascenso de Endymion (1997):

Ale, ahí hay lectura para rato, aunque solo sea con las reseñas. Y si os animáis con las novelas...

lunes, 23 de junio de 2014

El Señor de los Anillos, primeras líneas

Quizá las primeras líneas de El Señor de los Anillos no impacten tanto como algunas de las que ya he incluido en esta sección, por la calidad del entretejido de las palabras, o por la manera de arrojarnos hacia una narración rutilante de algunas de ellas, pero sí que están impregnadas de una calidez difícilmente comparable, provocando, al menos en mi persona, la agradable y emocionante sensación de volver a casa, aunque haya estado muchos años sin pisar su suelo, aunque ahora sea otro lector, otra persona.


martes, 17 de junio de 2014

Zapeo

Nunca han tenido la intuición demasiado a flor de piel con las metáforas, ¿verdad? No intentan identificar el sol de un amanecer con la maternidad, ni una sonrisa perfecta con las alas extendidas de una mariposa, ni la vida con un sendero lleno de encrucijadas que son decisiones, ni siquiera la luna con un queso. Viva la concreción, abajo lo abstracto.

¡Alto! Que cunda la tranquilidad: al fin y al cabo, todos menos uno veían un sombrero en lugar de una boa que se había tragado un elefante, mas cuando ese uno gritó “que se pare el mundo que me quiero bajar y subir al siguiente”, una voz de entre el resto le respondió “ay madre, déjate de rollos y cambia de canal”, con cara de pez payaso y de payaso también (del triste). Pero entonces al respondón le da un pálpito que se convierte en tiritona y se le tuercen los ojos, porque sin quererlo se ha escapado una metáfora de su boca. Entonces, por un instante, es él quien cambia de canal y se sale de su bucle.

Y cuando el pez payaso se coma un queso blanco y redondo para cenar, quizá y solo quizá, mire por la ventana hacia el cielo, y el Principito entonces dará un salto chocando los tacones en el aire.

miércoles, 11 de junio de 2014

Endymion, de Dan Simmons

Un lustro después de alcanzar la cima de su carrera con Hyperion y La caída de Hyperion, Dan Simmons decidió regresar al universo creado para estas novelas para alegría de los numerosos seguidores que había ganado con ellas, y escribió Endymion (1995), volviendo al mundo, a algún personaje y a la temática fundamental de sus predecesoras.


Simmons sitúa la acción casi tres siglos después de la debacle universal ocurrida al final de La caída de Hyperion. Recordemos que en aquella, para salvaguardar la raza humana de los funestos intereses del Tecnonúcleo (esa vasta especie de inteligencias artificiales mucho más evolucionadas que nosotros), se aniquiló la red universal de teleyectores, esto es, la capacidad de interconexión inmediata de diferentes mundos aunque estuvieran separados por muchos años luz. Así, se pasó de una instantaneidad casi absoluta a un profundo aislamiento de cada mundo, al tener que volver a producirse cada comunicación mediante el viaje en nave espacial. De esta forma, la inmensa mayoría de planetas experimentan una grave regresión tecnológica y social, revueltas, hambruna, y como a río revuelto el pescador más listo llena sus redes, la que al final de aquella Hegemonía se hallaba casi extinta Iglesia Católica se hace, mundo a mundo, de nuevo con el poder, tanto militar con su rama Pax (que fundamentalmente luchará contra los ancestrales y demonizados enemigos éxters), como económico con Mercantilus. La comparación de un mundo retrógrado dominado por la Iglesia con la Edad Media es inmediata. Pero, ¿qué ofrece a cambio de tanta lealtad y conversión? La resurrección, claro. Mas no del alma sino del cuerpo, mediante la comunión con el parásito cruciforme, que una vez puesto en el cuerpo del católico, hará que este se recomponga físicamente mientras quede algo del mismo, y mediante un proceso depurado al que vimos en Hyperion, pues no idiotiza ni destruye la libido con cada resurrección, por lo que todo el mundo lo desea. Así, poco a poco, Pax ha ido reconquistando pacíficamente casi todos los mundos restantes tras el colapso y formando un todopoderoso imperio.

Y dentro de este escenario nos encontramos cuando conocemos a nuestro protagonista Raul Endymion, un buen hombre, normal y corriente excepto por no querer aceptar el cruciforme católico. Condenado a muerte y esperando sentencia, aprovechará su lamentable situación para contarnos su historia, que casualmente comenzará en el conocido planeta Hyperion, cuando se le condene a muerte por primera vez, muchos años atrás. No obstante en buena lógica, esta primera condena no llegará a fin, y un carcamal, grosero, quejicoso y con (justificados) aires de poeta le encomendará la titánica misión de salvar en las míticas Tumbas del Tiempo a la niña Aenea, predestinada a poner en jaque a la Iglesia. Raul también deberá ponerla a salvo, acabar con el imperio de Pax, contactar con los éxters, encontrar y terminar con lo que quede del Tecnonúcleo, eliminar al legendario Alcaudón y volver al poeta a que le dé el visto bueno. Tal es la no poco ambiciosa misión. Y la acepta.

miércoles, 4 de junio de 2014

CuasiJob

Hace años leí en un libro que un tipo se autocalificaba como un Job sin amigos, sin Dios y sin lepra. Una soledad considerable para un tipo bastante roto. Curiosamente esa misma novela luego no seguía inercia alguna de tristeza, o al menos ese es mi recuerdo de sus páginas. Quizá por ello en este preciso instante la rememoro: la última vez que pisé esta calle acabé sentado al final de la misma, de cara a un Atlántico bebedor del Tajo, en una mañana de agosto, rodeado de amigos, contemplando la oscilación del agua y el cielo luminoso (de la ciudad de la luz), callando y riendo, charlando y riendo, viviendo y riendo.

Ahora tan solo me hallo con la oscuridad mortecina y el silencio agrietado a ratos por el rumor del río. Como con ese cuasiJob, ya no hay amigos junto a mí. Nunca ha habido Dios, no conmigo. Y bueno, siempre queda un poco de lepra, pero se lleva bien. Y como en mi recuerdo de aquella novela, tampoco hay dolor.

Vuelvo a sentarme al final. Sin amigos, sin Dios y casi sin lepra. Irrumpe un soplo de gas por mi esófago y eructo sin querer. Huele a albóndiga de bacalao. Vuelvo a reír. De eso sí que ha habido, motivos para reír. De eso, siempre.

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