Por esta afición mía a escribir (quizá debería decir perpetrar palabras) a veces ciencia ficción y otras sobre ciencia ficción, en numerosas ocasiones la gente cree que soy un entendido y me plantea cuestiones tales como por dónde empezar a leer en el género. No soy ningún entendido, pues cuanto más leo, más palpable se hace mi ignorancia en estas lides para mí. No obstante, sí que hay dos o tres autores que recomiendo a ojos cerrados para neófitos: Isaac Asimov como más serio, Fredric Brown como más divertido, y por delante de ellos, casi siempre a Ray Bradbury... por todo.
Hace un tiempo ya os hablé de las excelencias de sus Crónicas Marcianas. Hoy voy a hacerlo de otra de sus obras maestras (porque a mi juicio ambas lo son, sin paliativos). El hombre ilustrado (1951). Como en aquel caso, nos encontramos con una antología de relatos autoconclusivos, si bien ahora no tenemos el leitmotiv de Marte como nexo común, aunque también aparezca en alguno de los cuentos. Aquí sencillamente leeremos historias de cifi variadas, diferentes supuestos realmente imaginativos en los que se nos plantean unos cuantos “¿Y si…?”, llevando la especulación en algunos casos hasta las últimas consecuencias o en otros dejándola abierta. Siempre realizando el planteamiento más interesante e inteligente para dejar al lector con un rumrum después de acabar el cuento que se quedará junto a él, orbitando en su consciente y su subconsciente, como si de un astronauta flotando en el vacío del espacio se tratara.
Veamos algunas de las cuestiones, y para ella hemos trasladar la anterior metáfora a la literalidad ¿Y si unos astronautas quedaran en efecto flotando en el espacio sin control ni esperanza? ¿Y si se alcanzara un sistema de realidad virtual con una línea tan delgada entre lo real y lo virtual que se convirtiera en intermitente? ¿Y si un androide (robot o marioneta) pudiera sustituirnos para facilitarnos el día a día? ¿Y si los históricamente oprimidos tuvieran la posibilidad de ser los opresores? ¿Y si se hundiera el mundo a nuestro alrededor? ¿Y si la memoria viva de los escritores más clásicos se refugiara en otro planeta, exiliada de la barbarie humana? Estas y muchas otras son las preguntas realizadas en la antología. Ocurrentes, complicadas y sugestivas, como poco. Muchas de ellas sin respuesta, pero que merece la pena plantearse.
Pero no es este el secreto de la obra, o al menos no el único.
Ray Bradbury era uno de esos pocos escritores privilegiados que, estuviera escribiendo sobre lo que fuera, tenía la capacidad para cautivar al lector debido a la tremenda sensibilidad con que impregnaba sus palabras, lo que unido a sus brillantes ideas lo convertía en único. Así este puñado de relatos, no solamente son asombrosos en su planteamiento y poseen una gran calidad literaria, sino que además calan hondo.
Nueva publicación de un relato: Antología pulp de Action Tales
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Diez años de *Action Tales *y cuatro desde que me uní a su plantilla (justo
cuando comencé la carrera). Me siento orgulloso de compartir en el portal
vari...
Hace 2 horas










































