domingo, 3 de enero de 2016

Los nombres muertos, de Jesús Cañadas

Pocas cosas hay más divertidas para un escritor que escoger como protagonistas de su novela a otros escritores. Se trata de un lugar común entre los contadores de historias y habitualmente se obtiene resultado satisfactorio por la mayor facilidad para empatizar con tales personajes. Ahora bien, cuando estos, además de escritores son personajes históricos bien conocidos y con legiones de fans a sus espaldas, como es el caso de Los nombres muertos, cuyos protagonistas son Robert E. “Conan” Howard, Frank Belknap “Los perros de Tíndalos” Long y sobre todo Howard Phillips “Cthulhu” Lovecraft, y además reescribes parte de su biografía, corres el riesgo de pasarte de la raya y que estos fans te sacrifiquen a los dioses primigenios. a ello se arriesga Jesús Cañadas. Afortunadamente.


Desde el principio el autor pondrá encima de la mesa su tarjeta de visita: personajes célebres muy humanizados cuyos caracteres ha estudiado bien y nos presenta con pulso firme; tono claramente pulp a la hora de contar una historia sin excesivas complicaciones, pero que enganchará desde el principio; narración irreverente y sin miedo a modificar lo que esté escrito en los libros, pero manteniendo al mismo tiempo un cariño contagioso hacia sus escritores, por mucho que pueda llegar a maltratarlos. Y desde la primera hasta la última página, un gran (y tiznado) sentido del humor que impregnará a la historia desde unos diálogos inspirados.

jueves, 26 de noviembre de 2015

RESEÑA: Ready Player One, de Ernest Cline

Ocurre a veces que una novela de pura ciencia ficción, de repente da el salto y se convierte en superventas incluso en las listas mainstream, ocupando los lugares destinados a tramas vaticanas, espías o detectives escandinavos. ¿Sorpresa? En casi todos los casos, sí, aunque Ready Player One (2011), de Ernest Cline posee ciertos elementos que podían hacer sospechar de tal éxito, al menos al editor que compró los derechos.



En primer lugar, hay que señalar que más allá de las listas de ventas, nos encontramos con una novela clara de ciencia ficción, una distopía sobre un futuro a medio plazo con una gran estratificación social (como casi todas las distopías), y con claros elementos cyberpunk con tecnología punta y megacorporaciones, destacando una especie de evolución de internet hasta dimensiones inusitadas mediante un universo de realidad virtual llamado Oasis, repleto de mundos y con las características bien definidas, desde la interfaz de conexión con el mismo hasta la navegación interna, la economía y su propia historia subyacente. Técnicamente, Cline dedica tal cantidad de páginas a describirlo y a definirlo que por momentos roza una ciencia ficción más hard.

Pero no es esta la raíz de las ventas de Ready Player One. Por supuesto, un motivo importante de su éxito es que su lectura es tan adictiva como divertida. La historia, contada de forma lineal, llama a pasar una página en cuanto se acaba para averiguar qué pasa después. Aun con ello, la razón principal es el don de la oportunidad: es el libro adecuado para el momento adecuado, o lo que es lo mismo, que a día de hoy está de moda. O mejor dicho, a lo que ha vuelto a ponerse de moda.

lunes, 16 de noviembre de 2015

RESEÑA(S): Gabriel García Márquez y David Mitchell

Vuelvo con un par de reseñas cortas que, por ser de obras fuera de los géneros que por aquí manejo, saco de la tónica y extensión habitual, pero como pronto comprenderéis, no podía dejar de hablar de estos libros:

- El Bosque del Cisne Negro, de David Mitchell: sigo con mi intención de leer todo lo que pase por mis manos del que me parece uno de los mejores y más interesantes escritores de la actualidad desde que leí su Atlas de las Nubes (si todavía no lo habéis hecho, corred a vuestra librería). Aunque por coincidencias que no lo son, detectamos que Mitchell ubica esta novela en el mismo universo que aquella, bien poco se parecen. No es tan ambiciosa como el Atlas, pero tampoco se pueden comparar. Se trata de una historia de adolescencia considerablemente normal, para lo que es Mitchell. Se centra en los problemas y vicisitudes propios de este momento de la vida de un muchacho tartamudo que vive en el citado Bosque del Cisne Negro, con cierto tufillo autobiográfico que no sé si será cierto. Sin llegar a la excelencia del Atlas, el resultado es sobresaliente. Por temática y estilo ha sido comparada con El guardián entre el centeno, aunque a mí me ha gustado mucho más que la novela de Salinger (¡oh, hereje de mí!). ¿Qué le vamos a hacer?, leí aquella pasando ya la veintena y no me transmitió mucho, mientras que El Bosque del Cisne Negro me parece no solo apta sino también recomendable para lectores de cualquier edad.



- Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez: la madre del realismo mágico. Simplificando bastante, este género consiste en contar una historia realista, meterle unos cuantos elementos fantásticos y actuar como si no pasara nada. ¿Por qué no llamarlo fantasía realista, por ejemplo? ¿Tal desprestigio supondría? Es una batalla que tengo perdida, lo sé, pero ni García Márquez, ni Saramago, ni Rita la Cantaora, hubieran ganado el Nobel escribiendo en un género que incluyera la palabra fantasía, así son los prejuicios. Nomenclaturas aparte, si todo el mundo dice que Cien años de soledad quizá sea la mejor novela en español del siglo XX (incluso de la historia), es un indicativo infalible de que puede serlo o no, pero hay que leerla. Se trata de una obra superlativa. No solo por su calidad y por la capacidad de García Márquez para escribir con brillantez una página detrás de otra, sino también porque, como su propio título indica, la historia es de gran recorrido, contándonos las aventuras y descalabros de una familia a lo largo de todo un siglo, y a veces de una forma tan alambicada que necesitamos un árbol genealógico para saber de quién está hablando en algunos momentos. Imprescindible, sea como fuere.


jueves, 12 de noviembre de 2015

Relatos Increíbles

Hoy os presento la nueva revista mensual Relatos Increibles, de la mano de ACUEDI (Asociación por la Cultura y Educación Digital) y dirigida por Héctor Huerto. La revista, de nacimiento peruano pero vocación internacional, surge -en palabras de su director- con el deseo de "construir una comunidad de lectores y escritores, es decir, de todos aquellos que amamos estos géneros, para conformar un espacio en donde lo imposible sea una realidad".

Por mi parte, no podía menos que poner un poco de mi parte, por lo que para su número 2 aporto el relato Fruto del azar, uno de esos cuentos que empiezan con "erase una vez" en el que sin renunciar a mi estilo (que sí, que lo sé, que a veces me paso con el rollo), experimento con una conclusión diferente a las habituales. Espero que os guste, pues además tengo el placer de abrir este número de la revista.



Como veis, tiene una bonita portada, y si os animáis a descargarla comprobaréis que también posee una perfecta maquetación para seis relatos de calidad, crudos o extremos, inquietantes o especulativos que creo os gustarán. Podéis descargar el pdf gratuitamente AQUÍ. Y apuntar Relatos Increíbles a vuestras revistas habituales.

viernes, 30 de octubre de 2015

MICRORRELATO: Edipo (II)

Todos amaban al Oráculo de Delfos. Todos reverenciaban más allá de lo humanamente reverenciable todas y cada una de las jodidas palabras que surgían susurradas de entre la brumosa espesura del Oráculo de Delfos, llevando su inexorable mensaje a quienes osaran preguntarle. Y el mensaje para Edipo había sido que mataría a su padre y desposaría a su madre. Lejos de buenas cosechas y salud recta, a él le venían con esta patraña. Pues le daba igual, podían darle sus predicciones de mierda a otro, que él sería dueño de su propio fatum.

Jamás regresó a su supuesto hogar natal, sabiéndose burlador de la profecía, y huyó hacia la Tebas del rey Layo y la reina Yocasta, a quienes detestó nada más llegar, desconocedor de que se trataba de sus auténticos progenitores. Una vez allí comenzó a experimentar una extraña transformación. Las cicatrices de su cuerpo mudaron de sitio con tal lentitud que ni él se dio cuenta. El tabique de la nariz se le desvió hacia un lado sin golpe alguno y la barba pobló su hasta entonces suave mentón; igualmente, un tupido vello pobló sus brazos y piernas. También se transformó su carácter, aunque de una forma sutil que no fue capaz de apreciar, pues no tenía amigos en la ciudad que pudieran compararlo con el hombre compasivo que era antes y así advertirle.

Un día, empujado por una curiosidad premonitoria, se miró en un escudo de bronce pulido. El reflejo que encontró fue el de Layo, que esa misma mañana había desaparecido tras semanas de sentirse cada vez más desdibujado. Desde entonces los hombres y mujeres de Tebas le llamaron con total naturalidad Edipo, Rey. Y cuando en calidad de tal se trasladó hasta el palacio y allí halló a Yocasta, su corazón olvidó que se le antojara una puta, y la trató como una reina. Como su esposa, la reina.

lunes, 19 de octubre de 2015

MICRORRELATO: Edipo

Hay quien, debido a su valentía, inteligencia o hazañas, sirve a muchos de inspiración hasta el punto de engendrar una legión de fieles seguidores o admiradores. Estos, tratando de dar continuidad a sus hechos, lograrán alzar esos valores hasta la inmortalidad.

Y luego está mi padre. Tal es su mezquindad y ausencia de escrúpulos; tales su orgullo, cobardía y capacidad para realizar el mal, que también es un ejemplo perfecto, sí, pero de lo que no se debe hacer.

Huyo de sus sombras para encontrar mi propio camino, y con cada paso soy más consciente de que no se aplicara a mí aquello de que los hijos cometerán los mismos errores que sus padres, aunque por las noches una voz disgrega mis sueños y me susurra que no cometeré sus errores, sino que me convertiré en él. Hasta que un día me despierto tranquilo y sé que las sombras de mi padre ya no existen, porque han sido absorbidas por las mías, porque mi luz es lozana e intensa y necesariamente proyecta una sombra más alargada, que la cubre. Jamás fue mi destino tropezar en los mismos baches que mi padre, sino más bien convertirme en su versión mejorada. Y ese día él deja de existir y mis ojos contemplan a Yocasta.

Algo cede dentro de mi mente, demasiado esforzada durante demasiado tiempo. Acuden a mí recuerdos vagos de haber visto a Yocasta en alguna ocasión junto a mi padre, o en más que tan solo alguna ocasión, pero qué importan unas débiles tajadas de memoria cuando el pastel es tan suculento. En aras del deseo que siento por ella, esa mujer ha de ser mía. Una vez que esto suceda, todos mis problemas habrán acabado.

martes, 22 de septiembre de 2015

Qué difícil es ser Dios, de Arkadi y Boris Strugatski

A veces, cuando pienso en los hermanos Arkadi y Boris Strugatski (autores de Picnic extraterrestre), se me va la cabeza sin quererlo a nuestro Luis García Berlanga. No tienen nada que ver ni en temática, ni en estilo, ni siquiera en el arte que cultivaban, sin embargo en ambos casos llevaron a buen puerto obras maravillosas que criticaban arduamente un régimen represor delante de las narices de ese mismo régimen. Probablemente Berlanga fuera mejor cineasta que los Strugatski literatos (ahí queda El verdugo, sutil obra maestra contra el franquismo durante el franquismo que ilustra lo que digo), pero los hermanos no quedan a la zaga en cuanto a temeridad contra el totalitarismo soviético post Segunda Guerra Mundial, y para ello solo tenemos que pensar en Qué difícil es ser Dios (1964).



En esta novela nos encontramos con una serie de individuos escondidos a plena vista, sobre el terreno en una sociedad medieval, destinados a observarla para que otros compatriotas con vocación historiadora saquen sus propias conclusiones mientras que ellos se limitan a contemplar sin casi intervenir. Estos observadores, estos dioses mucho más avanzados e ilustrados, descubrirán lo frustrante y difícil de su labor a medida que la desempeñen y nosotros, como lectores, nos adentremos en una estupenda historia de ciencia ficción social y aventuras (entre otras cosas), descubriendo su origen y los vericuetos de la sociedad en la que se hallan inmersos.

Por otro lado también iremos desentramando con el paso de las páginas cómo los asesinatos y desapariciones organizados desde un ministerio de esta sociedad hacia miembros de la élite intelectual y científica de la misma (y provocando por tanto su retraso y estancamiento) con los que tras la Segunda Guerra Mundial sufrieron los escritores soviéticos por parte de ese gobierno represor, que les decía sobre qué debían escribir y cómo, hasta el punto de poder identificar al hediondo ministro (un personaje escrito para ser detestado) con el líder del KGB en aquel momento. Y es que los mismos Strugatski recibieron “recomendaciones” de “debéis escribir más como en este libro que en como aquel, o dejar de escribir”. Su respuesta fue, desde luego, como la de Berlanga, muy inteligente.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Ni colorín ni colorado, de Rafael González

Durante los últimos años se ha puesto de moda el revisionismo sobre los cuentos clásicos (Grimm, Andersen, Perrault…), con diferente alcance y resultado. Ahí tenemos una buena cantidad de versiones en imagen real de los clásicos de Disney que están apareciendo ahora y lo harán próximamente con resultado no del todo satisfactorio. O las series que aunque llamativas, resultan notoriamente mediocres (por no decir deficientes) como Grimm o Érase una vez. En otras artes y calidades encontramos las excelentes series de cómics Fábulas (en buena parte la gran responsable de esta moda), o más tangencialmente The Unwritten, de tanta calidad como la anterior aunque mucho más extraña. Literariamente, el verso libre Sapkowski se ha erigido como el gran rey con sus maravillosas y retorcidas versiones de El último deseo, pero también podemos encontrar otros proyectos, quizá de menor calado pero aun así de interés como (Per)versiones cuentos populares o este Ni Colorín ni Colorado, de Rafael González.



Con Ni Colorín ni Colorado nos encontramos con una colección de relatos dividida en dos partes. En primer lugar hallaremos una serie de epílogos de los cuentos clásicos en su versión más oscura que conceptualmente apuntan a la idea de La noche 1.002, esto es, después de que el cuento acabara, después de que el bien triunfara sobre el mal, después de la noche 1.001 ¿en realidad se logró ese y vivieron felices y comieron perdices? Es decir, ¿hasta qué punto se alcanza ese clásico “colorín colorado”?. Pues a medida que vamos leyendo estos relatos-epílogos nos vamos dando cuenta de que, tal y como anuncia el título: ni colorín, ni colorado.

jueves, 3 de septiembre de 2015

RESEÑA: Visiones 2014

Desde hace tiempo inmemorial (ya va para el cuarto de siglo, con alguna intermitencia), la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT) trata de dar visibilidad y promoción a los nuevos autores de estos géneros a través de la antología Visiones. Ya os hablé de la edición del Visiones 2012 (exitoso porque contuvo relatos nominados a los premios Ignotus), para la que tuve la fortuna de ser seleccionado. Y he tenido la suerte de que el escritor y seleccionador Joaquín Revuelta me haya estimado digno de aparecer de nuevo en este Visiones 2014 de temática next minute (futuro cercano), del que hoy os voy a hablar. Gracias desde aquí tanto al antólogo como a la AEFCFT por la inclusión de mi Güijas cuánticas y bufandas del Atleti.


Pero lo mejor en una antología como esta, con cada cuento hijo de su padre y de su madre, es comentarlos uno a uno:
- Chico problemático (Magín Méndez Sanguos): visión distópica de un futuro en el que ser diferente en costumbres, estética o artísticamente, acarrea la exclusión. Aun con todo, se presentan atisbos de esperanza.
- Diminutos (Javier Urquiza López): mediante el interesante formato de mostrar solo una de las voces en un diálogo a dos, en un tono descriptivo cercano al reproche, conoceremos la última época de una humanidad condenada a la extinción.
- Duna (Ricardo Cortés Pape): caótica narración ubicada en un Madrid también caótico y casi apocalíptico. Tercera distopía de tres.
- El Gran Hotel Catalonian (Miguel Ángel Chamizo Jódar): Inicialmente parece una historia de las que acabarán planteando uno de los más clásicos paradigmas de la ciencia ficción, pero a partir de una inflexión de gran fuerza visual se producirá una interesante vuelta de tuerca. Buen relato, aunque el final parece algo abrupto.
- El penúltimo día (Vicent Sala Enguix): Interesante especulación sobre un futuro muy próximo al borde del colapso que hace referencia a muchos temas calientes de la actualidad y a sus posibles evoluciones. Uno de los relatos más “next minute” de la antología.
- El Proyecto Acuatecnia (Néstor Bardisa García): Relato clásicamente cyberpunk. Metal, plomo, inventos, espionaje industrial, mercenarios… Escrito para entretener.
- Fecha de caducidad (Anaid Pérez Mendoza): Especulación bien narrada acerca de la relación de responsabilidad entre el científico y sus desarrollos. Relato notable dentro de la colección.
- Gastronomía española (Francis Novoa): Divertida sátira (y bastante gore) sobre cómo solucionar el actual exceso de parados y jubilados. Destacan unos diálogos naturales dentro de la historia disparatada.
- Güijas cuánticas y bufandas del Atleti (Pedro López Manzano): Sencilla historia de ambiente cotidiano en la que trato de entretener y, si se da el caso, arrancar una sonrisa, con los efectos colaterales de un invento bastante curioso para dentro de unas décadas, cuando lo dejamos en la misma habitación que algunas de las pasiones humanas más intensas.

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