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martes, 11 de septiembre de 2012

Solaris en el cine (Andréi Tarkovski, 1972; Steven Soderbergh, 2002)

Partamos de la siguiente premisa: aunque se han producido un par de adaptaciones importantes, llevar al cine Solaris de tal manera que resulte fiel a la novela de 1961 y sobre todo al espíritu de la misma es sencillamente imposible.


Esto es así, en primer lugar, porque lo que propone habitualmente una novela de ciencia ficción es la reflexión sobre algún supuesto llevado a los límites, y en el caso de Solaris, los supuestos tratan de conceptos bien variados, profundos y difíciles de tratar (contacto extraterrestre, singularidad extraterrestre, identidad, límites de la humanidad, divinidad… podéis encontrarlos con mayor profundidad en la reciente reseña literaria), con lo que resultaría una tarea titánica pasar por todos dándoles su debida importancia. Por otro lado, nos movemos por la rama de la ciencia ficción más lejana de la space opera, esto es, de su vertiente más comercial, lo que afecta de dos maneras. Primero, nos encontramos con una historia en ningún momento trepidante, con unos tiempos narrativos nada comerciales, sino más bien tranquilos, por momentos didácticos, que llevan a la introspección y por tanto no trasladables al lenguaje cinematográfico de una gran producción, lo que nos lleva al segundo punto: si no es en una gran producción, no es posible desarrollar con la grandilocuencia de la novela al coprotagonista de la novela, es decir, al espectacular, inteligente, inmenso y extraterrestre océano en torno al cual giran el resto de piezas de la obra.

A pesar de estos obstáculos, Solaris es una maravilla, una de las cumbres del género, y como tal ha llamado la atención de importantes cineastas. La primera adaptación, menor, fue para la televisión soviética (1868).

La siguiente adaptación también llegó de la unión soviética en 1972, suponiendo un encuentro de dos genios: tenía toda la lógica que la belleza de la prosa de Stanislav Lem confluyera con la poesía visual de Andréi Tarkovski, y así lo hizo en una película que obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes y que se ha convertido con toda justicia en obra de culto, aunque curiosamente jamás convenció del todo a su creador, que buscaba un resultado aún más único (subrayo el aún).


Tarkovski adapta una buena cantidad de pasajes de la novela de forma literal, intentando presentar cierta visión de conjunto de los conflictos presentados en la obra literaria aunque no profundice luego siempre en ellos. Sí que se centra en la relación de Kris Kelvin con su visitante, su difunta esposa Hari, interpretados acertadamente por Donatas Banionis y la bella Natalya Bondarchuk. También ahonda en la relación de éstos con el resto de científicos solarísticos, destacando el Snaut de Jüri Järvet. Esto lo hace mediante los larguísimos diálogos característicos del director (en realidad concatenaciones de largos monólogos), que le sirven de pretexto para presentar algunas de las ideas de Lem, y otros muchos pensamientos y situaciones de su propia creación, como la extensión del personaje de Berton, poco más que apuntado en la novela, una relación disfuncional paterno-filial que se muestra como de gran importancia, o incluso unas referencias directas al Quijote, enfocando directa o indirectamente hacia una singular exploración de la realidad.

martes, 20 de marzo de 2012

RESEÑA: Picnic extraterrestre, de Arkadi y Borís Strugatski & Stalker, de Andréi Tarkovski

Vamos hoy con un clásico por partida doble, ya que lo es tanto literario como cinematográfico. Hagámoslo por partes. Primero novela, después película.

Allá por 1971 los hermanos Arkadi y Borís Strugatski, ciudadanos de una unión soviética en la que no todos podían decir precisamente lo que querían, se animaron lanzando una historia singular y contundente, original y extrañamente realista, que a la larga pasó a formar parte de los anales de la ciencia ficción, lo que tiene aún más mérito teniendo en cuenta que ésta no procedía del mercado anglosajón. El formato empleado es el novela corta, y el título Picnic junto al camino, o Picnic extraterrestre en la edición argentina que aquí reseño. Lástima que no haya encontrado ninguna buena edición actual en castellano, pues la novela la merece. La traducción que he leído es antigua y con muchos localismos, que aun con todo no me han impedido disfrutarla.



La historia transcurre alrededor, y claro está, dentro de una de las zonas de aterrizaje existentes en el planeta en las que hace unos años sucedieron unos acontecimientos portentosos. Unos extraterrestres aparecieron, estuvieron un breve periodo de tiempo, y con las mismas desaparecieron, no solo no aclarando a los miserables terrícolas nada sobre su estancia, sino además sembrando de incógnitas todo lo referente a ellos. En cualquier caso, con su presencia cambiaron de forma radical cada zona en que estuvieron (en este caso la canadiense), dejándola repleta de objetos de imprevisible comportamiento, de lugares dentro de la propia zona de aterrizaje en los que las leyes de la física quedan patas arriba, convirtiéndose en trampas mortales, y de alteraciones genéticas a todos aquellos que allí estaban y sobrevivieron o a los que frecuentan las cercanías. Por supuesto, sus accesos están vigiladísimos, pero debido al gran valor en el mercado negro de los objetos extraterrestres por la zona desperdigados, muchos se juegan la vida y la libertad por acceder al margen de la ley.

El protagonista principal, Red Schuhart, es uno de estos merodeadores o stalkers, un superviviente nato entrando a la zona de aterrizaje oficial o extraoficialmente para ganarse el pan para él y su familia disfuncional, interrumpidamente a lo largo de muchos años. Cabe destacar en él el hecho de oscilar siempre por un gris moral, muchas veces bastante oscuro, cuyo tono se contagia a todos los demás, y que no obstante logra obtener cierta empatía con el lector. Un tanto para los Strugatski.

La novela busca y encuentra un equilibrio entre descripciones y diálogos. Entre las primeras destacan las de los acontecimientos sucedidos en la zona, siempre sugestivos, emocionantes e interesantes. En lo que a los diálogos se refiere, son realistas y sonarían naturales dichos en voz alta, y es que si alguien está a punto de morir difícilmente exclamará “cáspita”, sino alguna otra cosa más malsonante. Además, la mayoría de personajes son gente dura y de pocos escrúpulos, aunque no por ello malvados.

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