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viernes, 26 de junio de 2015

RESEÑA(S): Fred Vargas, Roberto Bolaño, Haruki Murakami, Ray Bradbury

Voy a hablaros hoy de unos cuantos libros de los que tengo pendientes, pero cuya reseña por diversos motivos he ido postergando y como en su mayoría no son del estilo habitual en este blog (porque hay que leer de todo si es bueno), voy a reunir en esta entrada en reseñas condensadas.

Comencemos por Fluye el Sena, de Fred Vargas (pseudónimo de la francesa Frédérique Audoin-Rouzeau). Género negro sin ambiciones con singulares personajes en tres novelas cortas autoconclusivas muy entretenidas, que me han servido como introducción al pequeño universo del comisario Adamsberg, un policía cuyo método es no tener método, de los que echa a andar hacia un charco dando por sentado que sus pies lo esquivarán mientras él piensa en otras cosas. Muy probablemente repetiré con Vargas y Adamsberg, que no es poca medida de lo que me ha gustado.



Los detectives salvajes del chileno Roberto Bolaño es uno de esos imprescindibles de fin del siglo XX de la literatura hispanoamericana y por ello me he lanzado a él. Y mientras lo leía, a medida que párrafo por párrafo no podía sino reconocer la calidad de esta novela deudora de la Rayuela de Cortázar en temática, estilo y personajes (uno de los protagonistas, alter ego del autor), también casi párrafo por párrafo tenía ganas de acabarlo para pasar a otra lectura menos preciosista, y más escapista. Una pena, pues notaba como una gran novela se me escapaba entre los dedos. Me habrá pillado a pie cambiado, supongo.



En Al sur de la frontera, al oeste del sol, Haruki Murakami vence y convence, como no podía ser de otra manera, en una historia sobre sentimientos como la soledad, el amor, la melancolía, la impotencia o el deseo a medida que acompañamos a su protagonista en la deriva hacia su madurez. La prosa de Murakami, tan fantástica como su capacidad para transmitir sensaciones para otros imposibles de describir. La novela no está lejos del tono de su célebre Tokio blues, siendo superior a esta. Por ello no se acerca demasiado a esa especie de "surrealismo mágico" a lo Kafka en la orilla, donde en mi opinión el japonés alcanza sus más altas cotas.



Por último, La bruja de abril y otros cuentos es una buena y heterodoxa introducción de apenas cien páginas a la literatura de Ray Bradbury, uno de los habituales reseñados de aquí. Los dos primeros cuentos, La sabana (sobre una inquietante tecnología educativa o educación tecnológica) y El otro pie (alegato antixenofobo marciano) ya aparecían con otra traducción en la genial El hombre ilustrado. La sirena del faro, una buena historia más cercana al terror lovecraftiano.



La bruja de abril, por último, un relato fantástico y sentimental sencillamente excepcional. Se puede empezar un cuento mejor, pero no mucho mejor:



martes, 18 de marzo de 2014

Distopías clásicas de la ciencia ficción

Una distopía es una visión del futuro terrible y desesperanzadora, en la que la sociedad ha evolucionado hacia las peores direcciones posibles.
Dícese por los más concurridos mentideros que este subgénero de la ciencia ficción, muy propio del siglo XX, alcanzó su máxima expresión con tres novelas que hoy se han convertido en grandes clásicos de la literatura universal.
En todas ellas se nos presenta una sociedad futura terrible en mayor o menor medida, y un personaje integrante de la misma que se la cuestiona. Y a partir de ahí, por supuesto, surge el conflicto y la narración toma su propio camino.
¿Cuál es la mejor? ¿Cuál te estruja la boca del estómago con más fuerza? Nada mejor que leerlas para opinar al respecto, pero como todas han quedado reseñadas, sirva este post para ponerlas juntas, confiando en que no se peleen entre ellas. Ahí van las tres:






martes, 4 de marzo de 2014

RESEÑA: Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

A principios de los 50 no se vivía una buena época para las libertades en Estados Unidos. Guerra fría, teorías conspiratorias, fanatismo y desconfianza llevaron al senador McCarthy a emprender su célebre Caza de Brujas, en la que defenestró a gran cantidad de políticos, militares, cineastas, escritores y ciudadanos de toda índole so pretexto de comunistas y traidores. Este triste momento, amén de la todavía en mente de todos Segunda Guerra Mundial levantó no pocos detractores. Pero como siempre, ante la tiranía, más valía andarse con ojo. Bien lo sabemos aquí, por ejemplo con la sutileza de Berlanga en el periodo franquista. Uno de los más célebres casos allí fue el del gran Ray Bradbury con su Fahrenheit 451.


El escritor, bien consolidado como autor de relatos con las magistrales colecciones Crónicas Marcianas (1950) y El hombre ilustrado (1951), contempló las circunstancias que le rodeaban y se atrevió a preguntarse en qué podría desembocar todo aquello en su rutilante primera novela, Fahrenheit 451 (1953), publicada por entregas en Playboy. En ella, ante un presente en el que se castigaba con severidad el tener ideas políticas diferentes, o si quiera parecerlo, nos planteó un futuro en el que directamente no se podían tener ideas. ¿Y cuál es la mejor manera de obtener mentes mansas? Quitándoles aquello que las alimenta para hacerlas crecer llenas de conocimientos e iniciativa: los libros. Así, en su universo propuesto, poseerlos será un grave delito castigado con contundencia, para comenzar mediante la eliminación de los mismos con fuego purificador: el título de la novela refiere a la temperatura de combustión del papel.

Para contarnos la historia, Bradbury nos pone en la piel de Montag, un bombero dedicado a hallar y quemar libros, encontrando a los propietarios habitualmente por delación (un símbolo clásicamente asociado a los macarthistas). Los bomberos queman libros desde hace tanto que la idea de que antes no provocaran los fuegos sino que los extinguieran resulta disparatada. Claro, tampoco pueden leerlo e instruirse en ningún lugar. Un buen día, Clarisse, una vecina joven y agradable, pero bizarra y de mala familia, que tiene la fea manía de cuestionarse el porqué de las cosas, pondrá patas arriba el mundo de Montag al preguntarle si es feliz. Responderá que sí, pero, ¿es realmente así?, ¿su vida le llena? ¿Ama a su esposa?, ¿le ama esta? ¿Y su trabajo?, ¿qué esconden los libros que hay quien es capaz de dar su vida por ellos?

domingo, 24 de noviembre de 2013

MiNatura 131: Ray Bradbury

Muchas son ya las colaboraciones que he tenido el placer de tener con miNatura, la revista de lo breve y lo fantástico, en la que entre otras cosas, se pueden encontrar estupendos microrrelatos de hasta 25 líneas. No podía dejar de hacerlo en este número bajo ningún concepto, pues está dedicado a un escritor maravilloso, y así se lo parece a todos los que hemos jugado alguna vez a esto de la ciencia ficción: Ray Bradbury (Crónicas Marcianas, Fahrenheit 451, El hombre ilustrado...).



En este caso colaboro con el microrrelato El árbol del ahorcado (The hanged man tree), homenaje nada velado a El hombre ilustrado. La revista podéis encontrarla en formato pdf, como siempre de forma gratuita, tanto en su versión en castellano como en inglés. Para ver el índice que refiere al resto de interesantes contenidos, podéis hacerlo aquí.

martes, 11 de junio de 2013

RESEÑA: El hombre ilustrado, de Ray Bradbury

Por esta afición mía a escribir (quizá debería decir perpetrar palabras) a veces ciencia ficción y otras sobre ciencia ficción, en numerosas ocasiones la gente cree que soy un entendido y me plantea cuestiones tales como por dónde empezar a leer en el género. No soy ningún entendido, pues cuanto más leo, más palpable se hace mi ignorancia en estas lides para mí. No obstante, sí que hay dos o tres autores que recomiendo a ojos cerrados para neófitos: Isaac Asimov como más serio, Fredric Brown como más divertido, y por delante de ellos, casi siempre a Ray Bradbury... por todo.


Hace un tiempo ya os hablé de las excelencias de sus Crónicas Marcianas. Hoy voy a hacerlo de otra de sus obras maestras (porque a mi juicio ambas lo son, sin paliativos). El hombre ilustrado (1951). Como en aquel caso, nos encontramos con una antología de relatos autoconclusivos, si bien ahora no tenemos el leitmotiv de Marte como nexo común, aunque también aparezca en alguno de los cuentos. Aquí sencillamente leeremos historias de cifi variadas, diferentes supuestos realmente imaginativos en los que se nos plantean unos cuantos “¿Y si…?”, llevando la especulación en algunos casos hasta las últimas consecuencias o en otros dejándola abierta. Siempre realizando el planteamiento más interesante e inteligente para dejar al lector con un rumrum después de acabar el cuento que se quedará junto a él, orbitando en su consciente y su subconsciente, como si de un astronauta flotando en el vacío del espacio se tratara.

Veamos algunas de las cuestiones, y para ella hemos trasladar la anterior metáfora a la literalidad ¿Y si unos astronautas quedaran en efecto flotando en el espacio sin control ni esperanza? ¿Y si se alcanzara un sistema de realidad virtual con una línea tan delgada entre lo real y lo virtual que se convirtiera en intermitente? ¿Y si un androide (robot o marioneta) pudiera sustituirnos para facilitarnos el día a día? ¿Y si los históricamente oprimidos tuvieran la posibilidad de ser los opresores? ¿Y si se hundiera el mundo a nuestro alrededor? ¿Y si la memoria viva de los escritores más clásicos se refugiara en otro planeta, exiliada de la barbarie humana? Estas y muchas otras son las preguntas realizadas en la antología. Ocurrentes, complicadas y sugestivas, como poco. Muchas de ellas sin respuesta, pero que merece la pena plantearse.

Pero no es este el secreto de la obra, o al menos no el único.
Ray Bradbury era uno de esos pocos escritores privilegiados que, estuviera escribiendo sobre lo que fuera, tenía la capacidad para cautivar al lector debido a la tremenda sensibilidad con que impregnaba sus palabras, lo que unido a sus brillantes ideas lo convertía en único. Así este puñado de relatos, no solamente son asombrosos en su planteamiento y poseen una gran calidad literaria, sino que además calan hondo.

lunes, 3 de enero de 2011

RESEÑA: Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury

Es curioso ver como a veces, por leer cosas más de moda o actuales, nos dejamos en la estantería otras imprescindibles, y no podemos olvidar que, aunque ahora hay libros excepcionales —tampoco muchos—, sólo hay obras maestras en el pasado, pues el tiempo ya las ha juzgado en su justa medida. Así, por ejemplo, conozco a bastante gente que ha alucinado con Canción de Hielo y Fuego, y sin embargo ni ha leído, ni piensa hacerlo, El Señor de los Anillos.
Esto mismo pasa con Crónicas Marcianas (1950), de Ray Bradbury. Sí, seguramente muchos lo habéis disfrutado ya. A mí no me da vergüenza reconocer que no lo había hecho. No me da vergüenza porque afortunadamente ya he subsanado ese error, claro.



El bueno de Ray tiene estilo propio, pero ineludiblemente me hace pensar en algunos otros autores. Me recuerda a Wells y a Dick en sus ideas brillantes, a Heinlein en la firmeza con que maneja la narración y sobre todo a mi idolatrado Fredric Brown en su sentido del humor, que oscila entre la broma inocente y la sátira devastadora. Me hace pensar en los cuentos cortos de Brown especialmente en estas Crónicas Marcianas, ya que se pueden entender como colección de relatos independientes, que claro está, juntos conforman un conjunto formidable contemplable como una obra global. No en vano Bradbury se crió literariamente mamando de y hacia las revistas pulp, y esto se nota aquí. En cualquier momento el lector puede revisitar cualquiera de los relatos de manera puntual, y tiene regusto a Weird Tales. Luego está la cuestión particular de que su obra mueve a la reflexión. A veces demasiado obvia, pero tampoco sin tomar al lector por un simplón. Primero está la narración, una aventura interesante, a veces retorcida o chocante, casi siempre muy original, y cuando uno la acaba se pregunta: ¿por qué tengo miel y cenizas en la boca? Pues la miel porque la historia te ha encantado, y las cenizas porque en el trasfondo de la misma, algunas veces hay escondida una sensación de soledad brutal, de pesimismo que de unas pocas palabras se extiende a la humanidad.

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