Ahora he concluido con la última de la serie y sigo sin poder emitir un veredicto definitivo, o al menos no uno sencillo. Baste con decir de entrada que a mí no sólo me ha satisfecho, que era el menor de los objetivos, sino que me ha gustado mucho. Para la matrícula le ha faltado algún detalle que a continuación comentare. Pero antes, hagamos memoria.
Con La voz de las espadas, se nos presentaba lo que iba a ser el fuerte de la saga: la puesta en escena de unos personajes estupendamente caracterizados, si bien la novela pecaba de un ritmo desigual y le sobraban unas cuantas páginas.
En Antes de que los cuelguen, Abercrombie realizaba una notable depuración de estilo y mejoría de la calidad literaria, aunque lo hacía cayendo en algunos tópicos del género en la construcción de una historia demasiado predecible: mejor continente, peor contenido.
Finalmente, con El último argumento de los reyes, el escritor británico prosigue perfeccionando su prosa con una narración muy en el estilo del anterior tomo, mas corrigiendo gran parte de las resoluciones argumentales facilonas que lo lastraban. Esto es, aquí sí que nos encontramos algunas sorpresas, cierta sensación de incertidumbre y originalidad. No siempre, por supuesto, pero si de sobra como para convencer plenamente a un servidor.
Técnicamente me ha sorprendido gratamente la mejoría a lo largo de las tres novelas y creo que, en este sentido, Abercrombie se puede codear hoy día con los mejores del género.
Argumentalmente, aunque sigue siendo predecible por momentos, también ha llegado a alcanzar un altísimo nivel, aunque sea a base de la introducción de ciertos conflictos de personajes que pueden llegar a resultar polémicos: habrá muchos a los que no les guste un pelo que los justos y bondadosos sufran de más, o tengan su cordura al borde del abismo, o cayendo por él, o los arrogantes se salgan aparentemente con la suya y los teóricos defensores del bien demuestren ser unos auténticos canallas. Ojo: no pongo nombres ni apellidos aquí, pues quizá la misma sentencia pueda ser aplicada a diferentes personajes, o varias sentencias al mismo (además de por no desvelar nada). La cuestión es que inevitablemente la evolución de algún personaje, porque evolucionan —o se destapan— y mucho, nos dejará sabor amargo.



