Mostrando entradas con la etiqueta Sergio Parra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sergio Parra. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de noviembre de 2012

RESEÑA: Jitanjáfora (Desencanto), de Sergio Parra

Hace unos meses comentaba la grata sorpresa que me había producido Jitanjáfora, la novela de Sergio Parra, por su originalidad tanto formal como argumental, que me llevó a alcanzar un gran disfrute lector. Ahora es el momento de echarle un vistazo a lo que nos ofrece su segunda parte, Jitanjáfora (Desencanto), con la que se cierra la serie protagonizada por ¿el bueno de? Conrado Marchale. ¿Me lo he pasado tan bien? Yo diría que sí.


En primer lugar he de aclarar que esta novela no lo tenía fácil, pues el gran acierto de su predecesora era mostrar una serie de conceptos novedosos sin desdeñar el entrar en detalles, en cuya pormenorizada presentación basaba su acierto: nos introducía a un mundo nuevo, el de la magia racionalizada, con una nueva óptica, fría y cruda a la vez que hilarante y rocambolesca desde la que observar el mundo, incluyendo el conflicto eterno del bien contra el mal. Es una comparación habitual, pero acertada, la de que este mundo es una suerte de Harry Potter para adultos, especialmente si éstos están dotados de humor negro y la suficiente mala leche. Así pues, una vez presentado el universo de Jitanjáfora, ¿qué es lo mejor que podríamos encontrarnos en su secuela? Pues, dado que nos gusta dicho universo, por un lado profundizar en él, y por otro lado cubrir la que quizá era la laguna de la primera parte, cuya narración se antojaba errática en algunos momentos. Aquí la historia es más consistente, con lo que gracias a la solidez con que el escenario de los acontecimientos ha cuajado, podemos centrarnos en la acción en sí.
De esta manera dividamos en dos las novedades: expansión del cosmos Jitanjáfora e historia contada, aunque ambas se solapan irremediablemente y avanzan de la mano. Respecto a la expansión, aquí descubriremos otros elementos y criaturas “sobrenaturales” más allá de los magos: las brujas, una especie de lamias, poderosas y de sexualidad palpitante, y los duendes, cuyas bizarras reglas se rigen por principios seudoartísticos cercanos al snuff. También conoceremos (y si no has leído la primera parte, salta hasta el siguiente párrafo) con algo más de profundidad a la otra facción de la magia: el bien, antagonista de nuestros protagonistas “malos”.
Respecto a la historia, comienza con un Conrado Marchale hiperpoderoso, con trece vueltas en la espiral (la manera de medir lo avanzado de un mago, cuyo máximo es doce) desatado y provocando una matanza indiscriminada de sus colegas en el Club Jitanjáfora. ¿Locura? ¿Exceso de temperación? ¿Otras razones? Entonces saltamos al pasado, cuando Conrado era un mago “recién licenciado” para averiguarlo, conforme observamos cuánto de gris oscuro es lo bueno o de gris claro es lo malo, pues aquí difícilmente hallaremos valores absolutos.
Recuperamos a los protagonistas de la anterior parte formando una familia impostada infiltrada en una comunidad estadounidense para investigar entre magos enemigos sobre la misteriosa operación “Huevo de Pascua”: nuestro antiguo don Nadie como padre de familia; de esposa la atrayente Umami, motor del protagonista y casi de la serie incluso en sus ausencias; el verborréico Figueredo fingiendo ser el tío disminuido que casi no puede pronunciar palabra; como hijo, Chad, un cucaracha (sin relación con la magia) con alto concepto de sí mismo. Estos dos proporcionarán una buena cantidad de momentos jocosos en las páginas del libro. Aún río al recordar el pasaje de la actuación del falso minusválido en la fiesta de bienvenida vecinal, llena de puritanos americanos medios.
Aun con todo, Jitanjáfora (Desencanto) no es una novela amable, pues alterna los momentos de diversión con otros de gran dureza, siendo más contundente que su predecesora, especialmente en su segunda mitad, a partir del clímax de una escena en un supermercado digna de Jack Bauer, desde la que la acción se dispara en una narración vertiginosa.

martes, 3 de julio de 2012

RESEÑA: Jitanjáfora, de Sergio Parra

Uno de los detalles que llaman la atención en primera instancia de la novela Jitanjáfora, de Sergio Parra, es su similitud en muchos apartados con la saga de Harry Potter. Sin embargo, a poco que profundicemos, nos damos cuenta de que si bien estas similitudes no pueden ser mera coincidencia, las obras son tan diferentes que por no coincidir, no lo hacen ni en el género.


Jitanjáfora parte de la premisa de que la magia no existe. No obstante, gran parte de la acción se desarrollará en una suerte de Hogwarts moderno en el que se impartirán clases de magia (eso sí, magia laica), barita incluida, con diferentes grupos de alumnos o “casas” dentro de la misma, en competición entre sí. También habrá otras escuelas e incluso una dicotomía entre buenos y malos (magia blanca y negra) que anticipará conflictos futuros. Sí, suena bastante al chico de la cicatriz en la frente.

Ahora es cuando en lugar de tener como protagonista a un timorato niño para esta historia llamado a ser el elegido de turno, viajamos de la mano de Conrado Marchale, un tipo que cae bien, pero drogodependiente en rehabilitación, con un punto granujiento que le resultará muy útil en un mundo de medias verdades y mentiras absolutas. Y es que quizá la magia no exista, pero sí la manipulación a base de, entre otras cosas, dialéctica extrema llena de caracterización corporal o palabras tan bonitas como carentes de contenido (jitanjáforas como la propia palabra jitanjájora) que pueden obtener resultados tan espectaculares como lo harían los poderes místicos de un jedi.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...