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martes, 6 de diciembre de 2011

Música épica. La Princesa Mononoke (1997), de Joe Hishaishi

Alguna vez he hablado aquí de mi admiración hacia el genio Hayao Miyazaki, y bien podría hablar en la sección de obras maestras de algún que otro de sus films, entre los que quedaría incluido, sin la menor duda, La Princesa Mononoke (1997). Sin embargo, no lo voy a hacer hoy, sino que os voy a hablar de su fantástica banda sonora, realizada por el compositor habitual de Miyazaki San (así como de otros pesos pesados como Takeshi Kitano): el gran Joe Hishaishi.

Yo, particularmente, al escuchar esta canción (mi favorita), no puedo dejar de imaginarme al genial Ashitaka cabalgando sobre su alce rojo, mientras aferra su arco con tal fuerza que hasta cruje el cuero de la empuñadura. Ahí va La leyenda de Ashitaka:




Un diálogo de la película del propio protagonista me salta ahora a la mente:

- Príncipe Ashitaka, ¿estáis preparado para afrontar el destino que os han predicho las piedras?
- Sí, lo estuve desde el mismo instante en que dejé volar mi flecha.

Hay un  detalle del proceso creativo de Miyazaki (y por extensión de casi todo Ghibli) en lo que al apartado musical se refiere que pocos saben. No sé si siempre, pero al menos para gran parte de sus películas Miyazaki, durante la producción, habla con su amigo Hishaishi, le dice lo que quiere de su música, la atmósfera que busca, lo que va a contar, y éste realiza una banda sonora previa completa, el llamada image album, que escucharan los creativos de la película en el desarrollo de la misma para inspirarse en estos temas, mientras trabajan. Después estas canciones podrán ser incluidas (o no) en la banda sonora definitiva que escucharemos en la película. Pero es que además, como ésta no deja de ser una adaptación a las imágenes, muchas veces a posteriori Hishaishi desarrolla por completo los temas musicales en una denominada symphonic suite, y os aseguro que todas las que he escuchado de Ghibli, y especialmente ésta, son una delicia para los oídos, y es que son unas canciones muy orquestables, como el estupendo "Viaje hacia el oeste".

Os dejo por último un ejemplo de lo que decía. El tema Adagio de vida y muerte, de apenas dos minutos en la banda sonora, desarrollado para la suite sinfónica, suena de esta intensa forma, sugiriendo acción y aventura:





miércoles, 8 de junio de 2011

Conan, el niño del futuro, (Hayao Miyazaki, 1978)

Hace mucho, mucho tiempo, concretamente cuando el que os escribe tenía un añito, un artista que había trabajado de forma muy activa en series a la postre tan célebres como Heidi o Marco y que comenzaba a brillar con luz propia en el mundo del anime tuvo su primera oportunidad como máximo responsable de un producto en el mundo de la animación. El hombre era Hayao Miyazaki, que hoy se ha convertido en el mejor director de cine de animación del mundo (desde mi punto de vista y, entre otros, el de John Lasseter, alma mater de Pixar). El año, 1978. El producto en cuestión, la serie Conan, el niño del futuro.

Un año después, Miyazaki San dirigía su primer largo de animación y empezaba una fulgurante carrera que nos ha dejado, en el peor de los casos películas magníficas, y en el mejor, un puñado de obras maestras como Mi vecino Totoro, Porco Rosso, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro. Es uno de los pocos (poquísimos) hombres de los que puede decirse que ha colaborado activamente en hacer de esto del cine algo más grande.

Pero regresemos a Conan, el niño del futuro. En buena lógica, la serie está, en primer lugar, pensada para que les pueda gustar a los niños, con lo que no es de gran complejidad argumental. Sin embargo, esto no quiere decir que transmita pocas cosas.


La historia, basada en la novela La marea increíble (Alexander Key), es sencilla. En un futuro distópico (que para nosotros ya es pasado, pues está fechado en el 2008) se produce una guerra mundial de proporciones descomunales cuyo resultado cambia para siempre el planeta y la forma de vivir en él. Una tremenda crecida del nivel del mar lo convierte todo en un inmenso océano salpicado por escasísimas islas. La acción transcurre 20 años más tarde. En una de estas islas sobreviven en relativa armonía un anciano y su nieto, un niño extraordinariamente fuerte y ágil nacido tras la hecatombe llamado Conan.

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