Cuando era niño tuve la inmensa suerte de que en los programas infantiles que me tocó ver en mi época, un genio creador pegara un latigazo a mi imaginación para hacerla avanzar al galope. Hablo del Barrio Sésamo de Espinete (1983-1988), salteado por las maravillosas marionetas de los Teleñecos, y sobre todo por la fantástica serie Fraguel Rock (la americana Fraggle Rock, desde el 84 en España). El erizo rosa era autóctono, pero los otros dos hitos televisivos, que nos quedaron marcados al rojo a los que nacimos en los últimos setentas y primeros ochentas venían directamente de la mente calenturienta de Jim Henson, el mencionado genio.
Pues en su mejor momento creativo, con los muppets funcionando a pleno rendimiendo y un poco antes de que los fraguel echaran a cantar, Jim creo la que para mí es la gran obra maestra de su carrera: Cristal Oscuro (1982). Sí, vale, los teleñecos llevan desde los 50 dando guerra ininterrumpidamente, y los rockeros compusieron una serie más corta pero perfecta. Por supuesto que también está Dentro del Laberinto (1986), que es maravillosa, pero ninguno de ellos me ha dejado la boca tan abierta ni hecho latir el corazón con el sentido de la aventura y la explosión de fantasía con que lo hizo Cristal Oscuro la primera vez que la vi, ni despertado la admiración de la última. Desde mi punto de vista, si el stop-motion de Tim Burton (por no remontarnos a Ray Harryhausen) tuvo su clímax en Pesadilla antes de Navidad, el cine de marionetas lo tuvo con Cristal Oscuro.
Antes de seguir debo añadir en los créditos de la película a Frank Oz como codirector (era el colaborador habitual de Henson), y sobre todo al estupendo diseñador de personajes y dibujante Brian Froud, que firmó un trabajo que se ha convertido en legendario. Caben destacar también la delicada fotografía así como la sugerente partitura de Trevor Jones.
Fue la primera película de imagen real sin humanos (todo son marionetas y disfraces), pero es que de hecho tampoco salen animales "reales". Se crearon ex profeso toda una flora y toda una fauna, y no de cuatro matas y dos bichos. Aparecen decenas de criaturas diferentes, originales, llamativas, fruto de mentes enfermas: enfermas de una imaginación sin mesura. Así, cada escenario tiene vida propia, ocurriendo multitud de cosas en segundo y hasta en tercer plano. Tantas que es humanamente imposible disfrutar de todas ellas en su justa medida. No obstante tal complejidad no complica en absoluto la narración, que es clara y en ningún momento se atasca.
Los tres cuerpos de la ciencia-ficción
-
[image: ¿Cómo influyen autores, obras y lectores en la ciencia-ficción?
Un modelo inspirado en el problema de los tres cuerpos para explicar su
evoluci...
Hace 2 días

