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domingo, 16 de septiembre de 2012

RESEÑA: Tigana, de Guy Gavriel Kay

Hace unas décadas cambió mi vida, como la de muchos otros miles de lectores, cuando pasó por mis manos El Señor de los Anillos. En plena adolescencia, no podía creer las maravillosas páginas que iba pasando con sorpresa y avidez, el mundo de fantasía seductor y complejo que estaba descubriendo, del que El hobbit había sido tan solo la punta del iceberg. Pero llegó el momento en que cerré el tercer tomo y me pregunté: ¿y ahora qué? Quería más, mucho más. Acabé con Tolkien y entonces pasé a otros autores. Devoré varias sagas de dragonadas engañabobos de Timun Mas (yo era muy joven, pero un bobo; lo reconozco, aún no tenía criterio). Sin embargo una se salvaba, y no me avergüenzo de ella, porque era buena. Se trataba de El Tapiz de Fionavar, del canadiense Guy Gavriel Kay, autor también de Tigana, de la que hoy os voy a hablar.


Kay entro en el mundillo por la puerta grande: ayudando a Christopher Tolkien a ordenar y editar unos papeles de su padre que se convertirían en El Silmarillion, nada menos. Después de ello decidió escribir y firmó la notable saga de Fionavar, creando un universo fantástico para ello que se sostenía en pie (no como la mayoría de aquella época). Ya había irrumpido como escritor, pero decidió salir más allá de la sombra de Tolkien. Para ello, poco a poco, se labró un estilo propio: la fantasía histórica, consistente en ubicarse en un contexto histórico concreto y darle la vuelta, adaptándolo a sus intereses dentro del género fantástico, bien fuera la china medieval, la reconquista de la península ibérica, una cruzada en la Provenza francesa o, como es el caso, la Italia medieval.

La acción de Tigana transcurre en la Península de la Palma (que se asemeja a la itálica volteada horizontalmente), dividida en pequeños reinos o regiones dotados de autogobierno hasta que aparecen un par de conquistadores de mayor entidad que se la disputan, llegando a cierto equilibrio cuando cada uno de los poderosos magos que comandan las tropas de sendos ejércitos dominan aproximadamente la mitad del territorio cada uno. Sin embargo, el más poderoso de éstos, el rey Brandin de Ygrath, decide vengarse del pequeño reino que más oposición le ha presentado borrándolo para siempre de la memoria de los hombres mediante un monumental conjuro que elimine su nombre de la memoria de todos los no nacidos en él o nacidos tras la ocupación, el nombre de Tigana. Así, sin que nadie pueda recordarlo ni aprenderlo, y con su territorio ocupado, expoliado y bajo un férreo yugo, todo el país está condenado no solo a la desaparición, sino a la no existencia, pues no dejará ni el más nimio resto cuando el último de los que lo recuerde muera.

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