Hace tres siglos se demostró por fin que coexistían infinitos universos paralelos, pero que no se podía saltar de uno a otro.
Hace dos siglos se mató a dios: se probó su imposibilidad así como la del alma, acabando por tanto con la inmensa mayoría de las religiones.
El siglo pasado se logró vulnerar la permeabilidad interuniversos, lástima que lo que encontráramos en la primera y única Tierra paralela hallada hasta hoy fueran esos asquerosos anfibios.
Ahora que estamos en guerra con ellos recuerdo a los reencarversistas, que postulaban que al morir, nuestra alma se reencarnaba en un estado superior en otro universo, y es que el batracio que tengo frente a mí me observa con los mismitos ojos de mi tio Luciano.
En fin, espero que si por casualidad los reencarversistas tuvieran razón en nuestra Tierra, la sigan teniendo en ésta. Y que si dentro de un siglo encontramos otro universo colonizable, la especie dominante no sea de topillos, babosas, primates superevolucionados o alguna otra asquerosidad similar, porque yo, a mi tio Luciano, siempre le tuve mucho cariño.
Carl el Mazmorrero
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En 2019 Matt Dinniman era un escritor aficionado cuya principal fuente de
ingresos consistía en pintar retratos de gatos participantes en concursos
de bell...
Hace 13 horas
5 comentarios:
Muy bueno y muy divertido. Confeso que he necesitado un par de lecturas para ubicarme, pero ha valido la pena. El humor nos salvará.
Jajajajaja, da gusto empezar con una sonrisa.
¡Gracias a los dos!
Tu tío Luciano seguramente tiene bondad en su mirada. No como las babosas... perdón: primates ultradesarrollados de conciencia propia.
Sí... esos primates tendrían mucho peligro. Menos mal que no es el caso, al menos del cuento.
Gracias por comentar Óscar, y bienvenido a Cree lo que quieras.
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