viernes, 22 de julio de 2011

Obras maestras: Vampyr (1932)

Cuando en 1932 Carl Theodor Dreyer, hasta ese momento considerado como uno de los grandes genios del cine europeo, estrenó Vampyr, obra de terror a salto de mata entre el mudo y el sonoro, la acogida fue tan buena que tuvo que esperar más de una década para poder firmar otra película y volver a su merecido lugar. Y la verdad es que no me extraña. La tremenda originalidad, tanto a nivel argumental como formal de la puesta en escena, fue demasiado para la época.


La narración es de cierta sencillez, pero contada con inteligencia por un atrevido Dreyer, en la que los acontecimientos no son tan predecibles como estamos acostumbrados (tanto en los años 30 como ahora), y en la que da la tan agradable pero extraña sensación de que cualquier cosa puede ocurrir, nos deja casi alucinados especulando con algunos de los giros que da. Además, los efectos especiales, con unos maravillosos juegos de luces y sombras y transparencias adelantándose a su tiempo, influenciados (e influenciando) al genial expresionismo alemán así como al impresionismo francés, no hacen sino enriquecer el conjunto.


La historia está basada libremente en el clásico de la literatura de vampiros Carmilla, del irlandés Sheridan Le Fanu, que décadas antes de Dracula se atrevió a empezar a establecer los cánones del género. De hecho influiría en gran medida sobre Bram Stoker. Yo tengo esta novela en la pila de pendientes, por lo que no puedo hablar de cómo la adapta Vampyr, pero sí que puedo decir que en el film, si bien el héroe no es precisamente un aventurero al uso, ya que a veces parece más un mero espectador que el motor de la acción y el eje no es más que el típico lance de hombre llega a pueblo en el que ocurren cosas misteriosas y poco a poco va desenterrando una trama que llevará al peligroso desenlace, Vampyr es mucho, mucho más. La singular estructura, la forma en que nos son mostrados los elementos terroríficos, la particularidad de las escenas onírico-alucinógenas y el hecho de que el conjunto llega a resultar por momentos inquietante a perros viejos del siglo XXI, que creemos que lo hemos visto prácticamente todo, convierten a esta película en imprescindible para los amantes tanto del cine clásico como del terror.
Sin duda, Vampyr es una joya especial. Una que en su momento fue tratada como una extraña piedra, pero que con el paso de las décadas ha ido puliendo por méritos propios su brillo hasta convertirse en un diamante, en la obra maestra que es hoy.

¿No os lo creéis? Pues gracias al amigo youtube podéis comprobarlo in situ, pues aquí la tenéis. Entera (en siete partes). Disfrutadla.



lunes, 18 de julio de 2011

Arthur Mortimer dixit (III)

Si se les tapara la boca a aquellos que dicen literalmente cuando en realidad quieren decir figuradamente, se quedaría, literalmente muda, más de la mitad de la población.

Arthur Mortimer, Teoría de la literatura para ancianos de cinco años.

viernes, 15 de julio de 2011

Revista Pulp: Los Zombis no saben leer.

Pues me he enterado de casualidad, pero resulta que uno de los primeros cuentos que escribí, hace bastantes años, muy de género él, de terror lovecraftiano, muy pulp, y que mandé a una interesante revista muy de este tipo, Los zombis no saben leer, apareció a mediados de mayo en el número de primavera de la misma. Es un cuento muy sencillo en cuanto a contenido, mas a pesar de que es una de mis primeras creaciones, tiene una estructura que me sigue gustando. ¡Muchas gracias a la LZNSL por seleccionarlo!

Podéis descargar gratuitamente la revista, muy entretenida y a la antigua usanza (espíritu pulp asegurado), a diferentes calidades siguiendo el enlace de la portada de abajo. También hay acceso a números anteriores:

miércoles, 13 de julio de 2011

RESEÑA: El Incal, por Jodorowsky y Moebius.

El Incal es un comic genial escrito por el genial chileno loco Alejandro Jodorowsky y dibujado por el genial francés Jean Giroud, alias Moebius. El primero, además de guionista de cómics es novelista, cineasta, mimo, dramaturgo, actor, poeta, terapeuta y psicomago, entre otras ocupaciones. El segundo es uno de los mejores dibujantes de la historia del noveno arte, ahí es nada.

El Incal es la historia de un detective segundón, John Difool, menos carismático que su pájaro, a quien la casualidad le hace de repente poseedor de un curioso misterio que le hace ser objeto u objetivo de todas las miradas o puntos de mira.


El Incal es una fantástica composición de personajes de fuerte carácter llenos de matices.

El Incal es dios, para lo bueno y para lo malo.

El Incal es la explosión del imaginario de Jodorowsky, y Jodorowsky tiene una imaginación inmensa.

El Incal es a veces un viaje del héroe lineal del miserable John Difool y otras veces una serie de deus ex machina realmente impredecibles que le dan giros de 901º a la narración.

El Incal es el primer cómic en el que aparece la figura del metabarón, y está en el mismo universo que esa preciosa y mastodóntica obra maestra también escrita por el chileno y pintada (mucho más que dibujada) por Juan Jiménez, una de mis obras artísticas favoritas: La casta de los Metabarones.

El Incal es un puñetazo de más de 300 páginas encima de la mesa del mundo del cómic, que se dio allá por el 80, diciendo que la ciencia ficción como género en viñetas cambiaba para siempre.

miércoles, 6 de julio de 2011

RESEÑA: La princesa prometida, de William Goldman

¿De qué va La princesa prometida de William Goldman? Él mismo responde a esta cuestión de forma explícita: Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas. Serpientes. Arañas. Bestias de todas clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasión. Milagros.


No nos engañemos, muy probablemente si habéis leído la novela o estáis interesados es porque habéis visto la película previamente. No os engaño, también es mi caso, y la razón primera de mi aproximación a la obra literaria. Adoro esa película y la he visto decenas de veces. Preguntémonos de nuevo: Si ya conocemos al dedillo la historia, ¿nos cuenta muchas cosas nuevas el libro? Pues a decir verdad prácticamente todo lo que ya conocemos aparece tal cual en la novela, incluso la historia abuelo nieto que en este caso es padre hijo, siendo el hijo un William Goldman niño que nos cuenta todo esto en primera persona, recordando a su padre, inmigrante florinés (el país europeo imaginario en el que transcurre la acción) en Estados Unidos.

Por tanto la narración es doble: por un lado el cuento apasionante protagonizado por los archiconocidos amantes Buttercup y Westley, por el espadachín definitivo Íñigo Montoya, por el gigante bonachón Fezzik, el siciliano inconcebible Vizzini, el gruñón de Max Milagros (Milagroso Max en el film) y por supuesto los villanos, el bellaco príncipe Humperdinck y el conde Rugen, de seis dedos en una de su mano derecha. Por otro lado tenemos las notas de Goldman, que siempre aparecerán en cursiva para distinguirlas del texto del cuento propiamente dicho. Éstas no se limitan a las interrupciones padre-hijo, sino que también habla largo y tendido de su adaptación de la novela original, obra imaginaria escrita por Morgenstern, su alter ego oriundo de Florín. También incluye un par de prólogos –uno de ellos por la edición del 25º aniversario–, francamente divertidos.

viernes, 24 de junio de 2011

Juego de Tronos, primera temporada

Pues ya está. Ya ha acabado la primera temporada y estamos en condiciones de decir si ha merecido la pena, tras la polvareda de expectación que había levantado la serie de la HBO. ¿Mi opinión? Contundentemente, sí.

¿Por qué? Pues el motivo principal es su fidelidad a la novela en que está basado. Y es que si el material original en que te basas es tan bueno, cuanto más fiel seas al mismo, mejor va a ser tu producto. Y Juego de Tronos es una enorme novela. Y Juego de Tronos es una gran serie.


Siempre tenemos que tener en cuenta que es una adaptación realizada para la televisión, con gran presupuesto, sí, pero presupuesto televisivo. Así perdonemos detalles insignificantes, por ejemplo: en un libro es fácil decir que te sigue un ejército de 30.000 jinetes, pero delante de una cámara es más complicado meterlos, o incluso emplear caros programas tipo Massive (trilogía ESDLA), con tiempos de ejecución más lentos, inadmisibles para la TV. También es siempre complicado dar la “sensación de distancia en viaje”. 200 páginas viajando en el libro, son saltadas con la lógica de una elipsis de varios capítulos intermedios. Pues aquí no metemos el ejército en plano general, sino momentos más “íntimos” con 20 o 30 dothrakis y nos centramos en la narración y no en una grandilocuente descripción. Y la elipsis de cientos de páginas, pues se aplica al siguiente capítulo.

martes, 21 de junio de 2011

RESEÑA: Soy leyenda, de Richard Matheson

Como reseñas al uso de esta novela podéis encontrar en cientos de sitios, os voy a dar directamente una serie de motivos por los que, en mi opinión, hay que leer Soy leyenda:

Por la especulación desde la que parte la historia, que quizá no pueda parecer la más original del mundo hoy día, pero se ha convertido en una de las fundamentales del género en parte gracias a esta obra de 1954: ¿qué ocurriría si de repente fueses el último hombre sobre el planeta? Es mas, no estás solo, sino que rodeado de aquellos que con anterioridad fueron humanos. Es mas, éstos se han convertido en vampiros que quieren matarte atacándote sistemáticamente, noche tras noche. Es mas, algunos de esos vampiros antes eran tus amigos.


Por la extraordinaria construcción del personaje protagonista Robert Neville. Un tipo normal y corriente, que naturalmente se ha agriado, su carácter se ha llenado de espinas, a pesar de lo cual, la identificación con el lector es inmediata. ¿Qué haríais en su situación? ¿Buscar la manera de sobrevivir, perdida toda esperanza? ¿Tirarse todo el día en el sofá, escuchando música botella de whisky en mano? ¿Hundirse en la miseria de los recuerdos? ¿Buscar venganza por tanto tormento? ¿Matar vampiros? ¿Investigar sobre la plaga? ¿Sí a todo?

viernes, 17 de junio de 2011

MICRORRELATO: Los evangelios apócrifos de William Shakespeare


No lo veo claro querida, he invertido mucho esfuerzo en realizar las reformas de nuestra casa como para que ahora me vengas con que sea el señor de este castillo.

Lo del fantasma de mi padre infundiéndome furia vengadora y dándome información privilegiada no diré que no tiene su punto… digamos de justicia poética. Pero como la loca de mi exnovia empiece a aparecérseme creo que voy a tener de verdad un problema.

¿Una libra de carne? ¿No te valdría, digamos, con mitad de cuarto?

Si hay algo que me consuela en mi lecho de muerte es que cuando abandone este mundo, mi reino quedará en las sabias manos de mis amantísimas hijas.

Vale que sea el Rey de las Hadas y esté en su mano elegir a quien quiera, pero te juro que si yo me jugara lo mismo que él no escogería a un sátiro para sacarme las castañas del fuego.

Creo que iré al senado y allí convenceré a todos de lo que hay que hacer para el bien de Roma. Son muy dispares sus criterios, no será fácil, pero seguro que gracias a mí se ponen de acuerdo.

La noche anterior a la batalla el rey salió de incógnito al campamento. Elevó la moral de la tropa y averiguó de las bocas de sus soldados lo que en el fondo pensaban sobre él. Lo que nadie supo nunca fue que en realidad abandonó de su tienda porque se le había acabado el vino y quería cogerse una cogorza de mil demonios, de asustado que estaba.

Es preciosa. De alguna manera ha ocurrido: la amo. También parece bien educada. Seguro que es de buena familia y por fin una de mis novias convence a mis padres.

miércoles, 8 de junio de 2011

Conan, el niño del futuro, (Hayao Miyazaki, 1978)

Hace mucho, mucho tiempo, concretamente cuando el que os escribe tenía un añito, un artista que había trabajado de forma muy activa en series a la postre tan célebres como Heidi o Marco y que comenzaba a brillar con luz propia en el mundo del anime tuvo su primera oportunidad como máximo responsable de un producto en el mundo de la animación. El hombre era Hayao Miyazaki, que hoy se ha convertido en el mejor director de cine de animación del mundo (desde mi punto de vista y, entre otros, el de John Lasseter, alma mater de Pixar). El año, 1978. El producto en cuestión, la serie Conan, el niño del futuro.

Un año después, Miyazaki San dirigía su primer largo de animación y empezaba una fulgurante carrera que nos ha dejado, en el peor de los casos películas magníficas, y en el mejor, un puñado de obras maestras como Mi vecino Totoro, Porco Rosso, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro. Es uno de los pocos (poquísimos) hombres de los que puede decirse que ha colaborado activamente en hacer de esto del cine algo más grande.

Pero regresemos a Conan, el niño del futuro. En buena lógica, la serie está, en primer lugar, pensada para que les pueda gustar a los niños, con lo que no es de gran complejidad argumental. Sin embargo, esto no quiere decir que transmita pocas cosas.


La historia, basada en la novela La marea increíble (Alexander Key), es sencilla. En un futuro distópico (que para nosotros ya es pasado, pues está fechado en el 2008) se produce una guerra mundial de proporciones descomunales cuyo resultado cambia para siempre el planeta y la forma de vivir en él. Una tremenda crecida del nivel del mar lo convierte todo en un inmenso océano salpicado por escasísimas islas. La acción transcurre 20 años más tarde. En una de estas islas sobreviven en relativa armonía un anciano y su nieto, un niño extraordinariamente fuerte y ágil nacido tras la hecatombe llamado Conan.

miércoles, 1 de junio de 2011

RESEÑA: Kafka en la orilla, de Haruki Murakami

Es Haruki Murakami uno de los autores más reconocidos por público y crítica de los últimos años. Honestamente, yo no soy lo suficientemente leído ni entendido como para poder decir este reconocimiento es justo o no, pero sí puedo decir que a mí, desde luego, me gusta horrores como escribe este hombre.



Kafka en la orilla, mi segunda aproximación al autor tras la más célebre de sus obras, y también más convencional Tokio Blues, cuenta la historia mayoritariamente independiente de dos personajes, cada uno de ellos embarcado en una suerte de búsqueda mística para poder continuar con sus vidas.
Por un lado está el así autodenominado Kafka, un chaval de 15 años que decide huir de su extravagante padre en busca de su propio camino existencial. Es un chico en ocasiones demasiado intelectual para lo que su experiencia le ha enseñado. Esto a veces, solo a veces, resulta una ligera merma en la credibilidad del personaje, bajo mi punto de vista, que no obstante no enturbia en absoluto el conjunto del mismo, dado el singular tono general de la novela.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...