miércoles, 3 de marzo de 2010

RESEÑA: Sueño del Fevre, de George R. R. Martin

No creo que haga saltar la liebre si afirmo que hay cosas que molan. Los piratas molan. Los robots gigantes también. Los espadachines justicieros molan. Los hechiceros de voz cavernosa rodeados de misterio lo hacen, así como los viajes interplanetarios a un mundo desconocido, las batallas en inferioridad numérica sin nada que perder y las venganzas sanguinarias por una buena causa. Y, como no, los vampiros molan mucho. Y vampiros encontraremos en Sueño de Fevre, de George R. R. Martin.
Si además, estos no son jugadores de béisbol que brillan a la luz del día como si tuvieran diamantes en la piel, descritos sólo para enamorar a jovencitas impúberes que corran sofocadas a comprar la novelucha de hombres-lobo contra chupasangres de turno (o a ver la película), pues mejor que mejor.


Por lo tanto lo primero que tenemos que hacer es quitarnos de en medio la mayor cantidad de tonterías que vienen añadidas al genero en forma de tópicos, o jugar con ellas de forma inteligente, después coger los tópicos con que nos hemos quedado y sacarles el mejor provecho posible. Entonces sumamos al cóctel partes que enriquezcan el mito vampírico y lo hagan más interesante, y claro está, que le den su ración de elementos sorpresa, pues cabe esperar que el lector no sea novel en el género. Entonces tenemos unos buenos cimientos sobre los que empezar a construir.

A partir de aquí, claro está, viene lo más difícil, que es hacer una novela siguiendo las reglas que ya has estipulado, pero si hay algo que se puede decir que George R. R. Martin tiene es solvencia (de rapidez escribiendo ya sería otro cantar). Aunque el lector ya sabe que es una historia de vampiros, es fácil dejarse involucrar en la ficción pues Martin es un gran timonel que lleva el tempo de la narración a la perfección, acelerando el vapor por el Misisipi Mark-twainesco, frenándolo, volviéndolo a acelerar endiabladamente y echando el ancla cuando menos te lo esperas para lanzarnos al torbellino del pandemónium final de manera poco convencional.
Mención aparte merecen los personajes, dibujados con la maestría a la que Martin nos tiene acostumbrados. Abner Marsh, el protagonista, feo, verrugoso, honrado y leal a sus amigos y a sí mismo, lleva sobre sus fornidos hombros el peso de la novela. Los carismáticos Joshua York y Damon Julian, poderosos y antagonistas el uno del otro, a pesar de todo lo que los une, Billy Vinagre, despreciable y ruin, así como un buen elenco de secundarios, puestos sobre el majestuoso vapor Sueño del Fevre,… Lo mejor de la obra son estos personajes, barco incluido, así como las relaciones que los unen, creíbles, pero de gran intensidad.
El conjunto satisfará a la legión de fans de Martin erigida tras su obra culmen, la serie de Canción de Hielo y Fuego más que Los Viajes de Tuf o Muerte de la luz pues es una obra más cercana a la saga en cuanto a temática (vamos, que no es ciencia ficción) y al formato y recursos narrativos, pero también a aquellos que se vean superados por la pereza a la hora de enfrentarse a los miles de (más que satisfactorias) páginas de Canción de Hielo y Fuego, pues es una obra más pequeña, que no llega a las 400 y se lee como si no alcanzara las 200. Y ¿quién sabe? Quizá después se animen con el resto de la obra de Martin.

4 comentarios:

El cuentacuentos dijo...

¿Pero Canción de Fuego y Hielo está acabada?

Pjotr L. Manzano dijo...

Jajajaja.
Tarda unos tres años en escribir cada tomo y otro y pico en la traducción. De momento lleva cuatro: Juego de tronos, Choque de reyes, Tormenta de espadas y Festín de cuervos (los tres primeros increibles). Quedan por salir A dance with dragons (probablemente este año), The winds of winter y A dream of spring.
Tela.

Ángeles dijo...

Interesante reseña, me da otra visión de la novela y me la hace también muy apetitosa. La pongo en la lista de los muy próximos.

Pedro López Manzano dijo...

Me alegro de animárte a leer la novela, Ángeles. Casi seguro que no te defraudará.

Un saludo.

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