miércoles, 8 de junio de 2011

Conan, el niño del futuro, (Hayao Miyazaki, 1978)

Hace mucho, mucho tiempo, concretamente cuando el que os escribe tenía un añito, un artista que había trabajado de forma muy activa en series a la postre tan célebres como Heidi o Marco y que comenzaba a brillar con luz propia en el mundo del anime tuvo su primera oportunidad como máximo responsable de un producto en el mundo de la animación. El hombre era Hayao Miyazaki, que hoy se ha convertido en el mejor director de cine de animación del mundo (desde mi punto de vista y, entre otros, el de John Lasseter, alma mater de Pixar). El año, 1978. El producto en cuestión, la serie Conan, el niño del futuro.

Un año después, Miyazaki San dirigía su primer largo de animación y empezaba una fulgurante carrera que nos ha dejado, en el peor de los casos películas magníficas, y en el mejor, un puñado de obras maestras como Mi vecino Totoro, Porco Rosso, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro. Es uno de los pocos (poquísimos) hombres de los que puede decirse que ha colaborado activamente en hacer de esto del cine algo más grande.

Pero regresemos a Conan, el niño del futuro. En buena lógica, la serie está, en primer lugar, pensada para que les pueda gustar a los niños, con lo que no es de gran complejidad argumental. Sin embargo, esto no quiere decir que transmita pocas cosas.


La historia, basada en la novela La marea increíble (Alexander Key), es sencilla. En un futuro distópico (que para nosotros ya es pasado, pues está fechado en el 2008) se produce una guerra mundial de proporciones descomunales cuyo resultado cambia para siempre el planeta y la forma de vivir en él. Una tremenda crecida del nivel del mar lo convierte todo en un inmenso océano salpicado por escasísimas islas. La acción transcurre 20 años más tarde. En una de estas islas sobreviven en relativa armonía un anciano y su nieto, un niño extraordinariamente fuerte y ágil nacido tras la hecatombe llamado Conan.

Todo cambiará para ellos cuando otra niña llamada Lana aparezca naufragada en su isla. Se trata de la otra protagonista de la serie, de habilidades singulares, y que es perseguida por el bando de “los malos”.
Desde el principio queda claro que va a ser una serie de acción trepidante y aventuras con argumentos nítidos en los que los protagonistas, niños inocentes, pero de férreos corazones van a descubrir el mundo cruel que les rodea, a medida que se lo muestran al espectador.

Miyazaki fue el gran adaptador de la serie, director de varios capítulos y diseñador de los originales aparatos que van apareciendo, y en todo ello va enseñándonos algunos de los tics que se mantendrán en toda su carrera. Tanto estéticos como de trasfondo argumental. Desde la manera de moverse, correr o de golpear el viento en la cara hasta la forma en cómo crece la vegetación sobre máquinas oxidadas o de las naves voladoras las veremos en los largos posteriores.


Pero el mayor apunte es el del mensaje que aquí ya podemos encontrar y será, prácticamente, el leit motiv de su carrera, esto es, el desequilibrio entre tecnología y tradición, entre progreso y naturaleza, entre la avidez vanguardista y el respeto por el pasado. Nos encontramos en esta serie la confrontación del espíritu de vida de la explotación depredadora, belicista y voraz de la todopoderosa Industria (tiene literalmente este nombre), que conlleva la violencia, la hambruna y el clasismo social contra el de la utopía de la "comuna obrera" de High Harbor (Miyazaki fue marxista de joven), equilibrada y pacífica. Por supuesto, a poco que se rasque, ni en un sitio son todos –ni la mayoría- malvados, ni en el otro todo es tan perfecto, pero supone una inteligente aproximación para el público infantil hacia estos desequilibrios, además de un interesante postulado que los adultos entenderán mejor.

Pero no os hagáis a la idea de que Conan es una serie sesuda. Nos hallamos ante todo frente a un cuento de aventuras, puro entretenimiento, contado por un maestro en ciernes, que maneja a la perfección no solo a los personajes principales, sino al amplio repertorio de divertidos y/o tiernos secundarios, al villano megalómano, así como los antagónicos escenarios: modernos, naturales, submarinos, ruinosos, lúgubres o brillantes con que nos iremos encontrando a lo largo de los 26 capítulos de 20 minutos cada uno que componen la serie.

Así veremos como Miyazaki San va realizando un eterno retorno a lo largo de toda su carrera a algunos de sus lugares habituales que ya apuntó aquí. Los parecidos más evidentes los encontramos con obras como Nausicaa o Laputa, bastante cercanas en el tiempo a este Conan, mas a poco que nos fijemos en su último largo, Ponyo en el acantilado, gran parte de la acción es subacuática (y se produce una gran inundación), o en la penúltima, El Castillo Ambulante, no solo el antibelicismo latente es bastante similar, sino que algunas de las máquinas voladoras recuerdan al primer vistazo a unas de las que aquí aparecen, como se puede ver desde el primer capítulo. Y después de el primero, hay 12 más.

9 comentarios:

Guillermo (Atreus) dijo...

Qué entrada más buena. Aunque 'Conan' es una de las obras de Miyazaki que me quedan por descubrir, comparto tus impresiones sobre él: para mí, es uno de los mejores cineastas vivos del mundo entero, sin cortarme un pelo. Algunos lo acusan de repetitivo, pero precisamente una de las cosas más admirables de él es como obra tras obra consigue expresar las mismas constantes temáticas de maneras distintas y sin que las tramas se parezcan. Un grande sin lugar a dudas.

Además, recientemente me he agenciado los tres primeros volúmenes del manga 'Nausicaa' y el lenguaje visual de este genio y su gran detallismo son sencillamente ES-PEC-TA-CU-LA-RES.

Saludetes.

Pedro López Manzano dijo...

¡Gracias por el comentario Guillermo!

Así es, Miyazaki es lo más grande que ha parido el cine japonés junto a Akira Kurosawa, quien llegó a decir que, pese a ser considerado unánimemente como mejor director nipón de la historia, no se consideraba superior a él. ¡Y eso que sólo vivió hasta el estreno de Mononoke!

Neovallense dijo...

Es de lo poco que me queda por ver de Miyazaki, ojalá la editen en España algún día.

Más que interesante la entrada ^^

Damián Neri dijo...

En algunas semanas me daré 8 horas con cuarenta minutos para ver la serie, que es lo que dura completa.

De muy pequeño recuerdo haber visto en la TV una serie llamada Conan, pero no recuerdo si tenía algo que ver con "el Bárbaro" o era ésta, pero por el tipo de dibujos me parece que sí es.

Saludos!

Pedro López Manzano dijo...

Gracias a los dos por comentar.

Neovallense, es una pena, pues hasta no hace demasiado estaba disponible el pack por unos 10€. Quizá en un tiempo o encontrándolo en los restos de alguna tienda o de segunda mano...

Damián, si te va Miyazaki esta serie no te decepcionará, aunque inevitablemente a veces peque de infantil, pero bueno.
Sí que había otra serie nefasta de animación de Conan el Bárbaro, que de tan espantosa que era, resultaba hilarante. Afortunadamente, nada que ver con ésta. :)

Neovallense dijo...

Vaya, no tenía ni idea que la hubiesen sacado... :-(

Anónimo dijo...

Para mí lo principal de la serie se lo dice el padre a Conan antes de morir, algo así como "vive por y para los demás", Conan y Lana siempre sufren la crueldad, el egoísmo de los demás, y aún así perdonan, hasta el último momento intenta salvar a Lefka o como se diga, compasión, misericordia, generosidad, para mí valores cristianos. Perdón antes que odio, generosidad antes que egoísmo (también veo esto en chihiro). Fijaos como se relacionan Ponyo y el chico y su madre, o el amor y la ternura que hay en totoro

Pedro López Manzano dijo...

Plenamente de acuerdo con el anónimo comentario. La inocencia y candidez de los dos protagonistas, especialmente de Conan, es solo equiparable a su generosidad y entrega incondicional.

leviathan Behemot dijo...

acabo de ver la serie completa rn youtube, casi 9 horas yo y mi esposa pues somos de esa epoca cuando se transmitia en mexico, mis hijos les encanto ponyo...

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