martes, 10 de enero de 2012

RESEÑA: La espada de fuego, de Javier Negrete

El título de una novela es importante, desde luego. Habitualmente es honesto y autorreferencial: desde un escueto nombre propio o elemento de la misma (Fundación, Elantris, La carretera, por mencionar algunos aquí reseñados) hasta un casi resumen del contenido (Alicia en el País de las Maravillas, 20.000 leguas de viaje submarino). Otras veces es sencillamente una bella concatenación de palabras que no aclarará nada sobre el contenido hasta leerlo (El atlas de las nubes, El temor de un hombre sabio). También están aquellos que requieren de una explicación de referencia cruzada a otra obra y no resultan precisamente triviales (El ruido y la furia). La espada de fuego de Javier Negrete pertenece a los primeros y además es toda una declaración de intenciones: cuando te llevas a las manos un libro con este título esperas hallar acción vibrante, magia, fantasía, un mundo de aventuras, y por supuesto espadas, y eso es exactamente lo que encuentras en sus páginas, porque la espada de fuego es un objeto importante dentro de la novela homónima, pero también es una inequívoca y sugerente indicación de fantasía heróica en estado puro.



El punto de partida de la historia es en apariencia sencillo: el último propietario de la legendaria espada de fuego Zemal fallece tras una enfermedad tan turbia como fulgurante, desencadenando así la serie de acontecimientos que llevarán al certamen de espadachines cuyo ganador le sucederá como guerrero más poderoso de Tramórea. Entre los candidatos encontramos a héroes y villanos: Derguín Gorión será el verdadero protagonista de la saga y de largo el menos cualificado para el certamen, hasta el punto de no reunir las condiciones mínimas para emprender la búsqueda del arma. Kratos May, el mayor maestro de la espada convertido en fugitivo y obligado en nombre de su honor a entrenar a alguien a priori inferior, pero posible rival como Derguín. El bellaco Aperión, archienemigo de Kratos, también entrará en una disputa cuyo principal favorito no obstante será otro: el príncipe Togul Barok, heredero de un imperio y mucho más que una descomunal y certera máquina de matar. El elenco de protagonistas lo completarán Mikhon Tiq, amigo desde hace años de Derguín que sigue un camino paralelo al de éste, cambiando el acero por la senda del conocimiento que le mostrará Linar, anciano y enigmático hechicero que le ayudará a explorar su syfron, singular e interesante concepto de mundo interno sobre el que se fundamenta la magia. Otros secundarios como El Mazo, Ulma Tor o Tríane también merecerían mención especial.

Aparentemente la novela no peca de exceso de originalidad en ciertos segmentos o conceptos, pues nos hace pensar en algunos de los clásicos del género: por ejemplo Linar y la orden de los Kalagorinor nos lleva los pensamientos hacia Gandalf y los Istari de El Señor de los Anillos. Las aceleraciones de los tahedoranes o maestros de la espada mediante las que se mueven a gran velocidad recuerdan al modo de luchar del brujo Geralt de Rivia (o a Neo en Matrix). También tiene varios nexos en común con El temor de un hombre sabio (con un pasaje de enorme parecido) y otros tratamientos de asuntos feéricos, pero pensémoslo: La espada de fuego se publicó en el año 2003, mientras Sapkowski llegaba a España, estando escrito desde antes. Y desde luego es muy anterior a Rothfuss, con lo que en cualquier caso esa supuesta "inspiración" vendría en el sentido opuesto. Verdaderamente los nexos en común que encontramos se explican por el sencillo motivo de que tanto Javier Negrete como los otros autores han bebido de las mismas fuentes: Tolkien y la mitología clásica. No quiere decir esto en absoluto que sea una lectura raída, nada más lejos de la realidad: la mezcolanza de este clasicismo con la crudeza y violencia de las novelas de género actuales está integrada con firmeza en una fórmula impecable.

Javier Negrete construye a la perfección los personajes de este corte, dibujándolos bien y proporcionándoles motivaciones que les otorgan credibilidad, sean protagonistas o secundarios de poco desarrollo. Además plantea con solvencia y naturalidad los conflictos, entre personajes para hacerlos crecer y dentro de la propia historia para hacerla avanzar, dotándola de gran agilidad. Negrete es un narrador nato que poco tiene que envidiar a los mejores escritores importados del género y logra darle a su novela un gran interés que no decaerá en ningún momento. Y advierto que al menos en la segunda parte de esta tetralogía (ya acabada y publicada: sin esperas eternas) la cosa no hace sino mejorar. Por otro lado, si no os apetece empezar ahora ninguna saga, también es buena idea leer esta obra, pues aunque deja bastantes hilos sin atar que se explotarán en las siguientes partes, La espada de fuego cuenta una historia autoconclusiva en lo fundamental.

También merece especial atención la recreación de Tramórea, presentada muy gradualmente: bien diferentes culturas, razas, estilos de vida, una mitología bien desarrollada, en definitiva una apetitosa intrahistoria que enriquece el conjunto y de la que nos iremos empapando escalonadamente en ésta y las siguientes entregas.

En cuanto al estilo, existe un equilibrio entre descripción y diálogo, pero es en la primera en la que Negrete alcanza elevadas cotas de brillantez, gracias en parte a la claridad de sus explicaciones, lo que junto a la amplia gama de recursos narrativos que domina, le convierten no solo en un imprescindible del fantástico contemporáneo sino en uno de mis escritores nacionales favoritos.



Ya contaré dentro de poco como continúa la saga con la segunda parte, El espíritu del mago. Mientras tanto os dejo un par de citas de esta excelente novela:

“El dinero es el mayor deseo de los hombres. Por él se afanan, por el se vuelven locos y envejecen antes de tiempo. Conseguirlo no es difícil: el secreto es no buscarlo.”

“ - No más sangre, Linar. No más muerte. No puedo soportarlo. - Elegiste el camino del acero. El acero siempre acaba mezclándose con la sangre.”

8 comentarios:

Rosa dijo...

Gracias por la recomendación.

Saludos desde el aire

Carlos Javier Eguren Hernández dijo...

He leído mucho sobre este autor y sus novelas, también las he visto bastantes veces en mi librería. Creo que probaré.

Gracias por tu reseña =)

BSB dijo...

Este libro está ya en mi lista de imprescindibles para 2012. Tiene muy buena pinta.
¡Un saludo!

Pedro López Manzano dijo...

Gracias a los tres por comentar.

Para que os hagáis una idea, a la hora de hacer esta reseña la he releído, cosa que solo hago con obras escogidas. Espero que os animéis.

Saludos.

David del Bass dijo...

Esta muy bien el blog, no lo conocía hasta ahora, me pasaré más a menudo a leerlo. Aprovecho para felicitarte el 2012, un saludo!!

Pedro López Manzano dijo...

Gracias David. Bienvenido y feliz año a ti también

Merlino dijo...

Yo muchas veces he comprado un libro simplemente porque el titulo me ha gustado. ¡Sí que importa!

Pedro López Manzano dijo...

Yo no llego hasta ese extremo, Merlino: con el poco tiempo del que disponemos necesito conocer al autor, que sea una obra contrastada, o que algún lector de mi confianza me lo recomiende, pero desde luego, el título importa.

Gracias por comentar.

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