sábado, 12 de octubre de 2013

MICRORRELATO: El hombre de arena

Creo que soy un hombre de arena. No como el que se acerca silencioso por las noches a susurrar en los oídos de los durmientes y espantar los demonios de sus sueños, o invocarlos, según su sosiego mental.

No de esa manera: creo que soy un hombre de arena literalmente y no me muevo por temor a desmoronarme. Estoy metido en el agua hasta las rodillas. Sobre mi cabeza, el límite es el cielo. Al final de mis piernas, mis pies se disuelven poco a poco y se funden con el barro del lecho del río, o lago, o incluso el mar, lo que sea. Siento en los tobillos una innegable corriente. Nunca se para; nunca agua estancada. Así acabará por hollarme y desbaratarme.

Aun con todo, no me atrevo a menearme un ápice, aunque el agua ya me alcanza la cintura. Estoy quieto. Una quietud de gran intensidad. Unos metros frente a mí distingo un arco trazado por algún diminuto y vivaracho pescado sobre el agua, abusando de su libertad. Mi actividad se limita a dejar escapar granos de arena por alguna cicatriz.

El agua ya me alcanza hasta el pecho y siento cómo se deshacen mis manos, o más bien siento cómo dejo de sentir mis manos. Quizá este sea el destino ineludible: dejarse descomponer hasta fundirse con el barro, volviendo a la infinidad de diminutas partículas removidas por las olas y las mareas. Regresar al clan y fundirse con él por siempre.

Pero, ¿y si no? Ya noto mis labios mojados. Pronto dejaré de respirar, si es que he estado haciéndolo hasta ahora. ¿Y si pudiera levantarme? ¿Y si he podido hacerlo todo el rato? Caminar, correr, saltar, volar. ¿Por qué no intentarlo? Voy a intentarlo. Ahora o nunca, allá voy…

1 comentario:

Pedro López Manzano dijo...

Lista de palabras y expresiones aleatorias sobre las que he construido este relato: clan, arco, demonios, mental, el límite es el cielo, nunca agua estancada, intensidad, arena, cicatriz, pescado, manos.

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