miércoles, 20 de marzo de 2013

RESEÑA: Terra Nova. Antología de ciencia ficción contemporánea

Estamos en racha. Hace poco os recomendaba Ácronos, una antología steampunk de autores hispanohablantes más que interesante, recién aterrizada en las librerías. Hoy voy a hablaros de otra colección que, en tan solo unas semanas, se ha convertido en uno de los lanzamientos editoriales de la temporada por méritos propios, y también con mayoría de relatos escritos originalmente en castellano. Se trata de Terra Nova. Antología de ciencia ficción contemporánea.


Lo normal de una antología de autores variados es que tenga un nexo temático común. En el caso de Terra Nova esto no es exactamente así. Las cuestiones planteadas son de índole bien diferente; no obstante, sí existe un punto de encuentro entre ellos, y éste es el de la cotidianidad en las historias, la naturalidad a la hora de presentárnoslas, convirtiéndose algunas de ellas en de ciencia ficción únicamente por la presencia de elementos propios de este género: implantes, robótica, inteligencia artificial avanzada o genética entre otros, esto es, avances científicos no presentes hoy día, pero que no se antojan imposibles. Sin embargo, aunque imprescindibles para cada relato, no son estos elementos el centro del mismo, ya que el conflicto narrativo es desencadenado por materias mucho más mundanas: las relaciones sociales, políticas, pero sobre todo humanas, sentimentales, familiares, o indefinibles. Dado este tono, en general no nos encontraremos con historias especialmente grandilocuentes. Por realizar un paralelismo asimoviano, más que a las grandes epopeyas galácticas de la Fundación, se semejarán a las especulaciones sobre vínculos hombre-máquina de Yo, Robot. Ya apuntan Mariano Villarreal y Luis Pestarini (coordinadores) en el inicio del proyecto la línea que pensaban seguir:

“No es casualidad que novelas como La chica mecánica de Paolo Bacigalupi, La carretera de Cormac McCarthy, La mujer del viajero del tiempo de Audrey Niffenegger, Nunca me abandones deKazuo Ishiguro, El sindicato de policía yiddish de Michael Chabon, El cuento de la criada de Margaret Atwood ó El mapa del tiempo de Félix J. Palma, triunfen hoy al margen de portar o no una etiqueta genérica: se trata de ciencia ficción escrita desde una óptica más cercana a las preocupaciones e inquietudes del lector contemporáneo.”

También recomiendo los relatos traducidos en blog Cuentos para Algernon, de tono muy similar a los integrantes de esta antología. Pero, llegados a este punto, mejor hablaros de las partes que conforman la obra por separado:
El zoo de papel (Ken Liu): Relato endiabladamente bonito ganador de Hugo y Nebula y finalista de Locus y WFA, ahí es nada. Curiosamente, se abre la colección con el único integrante que no es de ciencia ficción, pero cuyo tono está plenamente alineado con el espíritu de la misma. El zoo de papel será un elemento mágico que ayudará a explorar la compleja relación del protagonista con su madre. Aunque no es especialmente blando, quizá sea un cuento demasiado sentimental, aunque quizá sea esta componente la que lo convierta en magnífico e inolvidable.
Deirdre (Lola Robles): Excelente relato que presentará las ventajas y desventajas de una relación sentimental de un ser humano con una pareja robótica para, de esta manera, especular de manera inteligente sobre el libre albedrío, desde la perspectiva del que lo posee (o no) y del que lo observa.
Recuerdos de un país zombi (Erick J. Mota): Sátira política y social sobre la Cuba del autor, sugiriendo un ideal socialista bastante extremo y retorcido por la aparición de un problema zombi alejado de los cánones. Es una historia desenfadada y, de largo, la más divertida, gracias a la mala baba latente de fondo.
Enciende una vela solitaria (Víctor Conde): Cuento original y exigente con el lector debido a su complejo estilo narrativo, al consistir en los caóticos pensamientos de un protagonista ubicado en una distopía de redes sociales, pensamientos (y hasta cuerpos) colectivos e incierta individualidad.
Cuerpos (Juanfran Jiménez): El elemento central explotado será la posibilidad de intercambio de cuerpos, desde una perspectiva a priori de “alquiler turístico”, en un mundo de grandes poderes empresariales. Nos encontramos con una trama muy entretenida, cercana al policíaco.
Un día sin papá (Ian Watson): Interesante exploración de los límites de la privacidad al presentar una situación en la que se cuida de los familiares mayores ubicándolos físicamente en nuestros cerebros durante unas horas al día, de manera que son conscientes de nuestros sentidos durante ese periodo. Buen relato, cuyo concepto, no obstante, me pareció algo desaprovechado.
Memoria (Teresa P. Mira): Estupenda historia de influencias diversas (Crónicas Marcianas, Enemigo mío, La Estación de la Calle Perdido,…), con una buena cantidad de elementos en juego de lo más variado: destino y libre albedrío, terraformación, ingeniería genética, sexo y otras relaciones inter-especies, que conforman una amalgama sólida y atractiva.
El ciclo de vida de los objetos del software (Ted Chiang): El más largo de los seleccionados, que de hecho es una novela corta (ganadora de Hugo y Locus y finalista de Nebula). Aquí profundizaremos bastante sobre la evolución de objetos de software dotados de inteligencia artificial de una manera bastante realista y creíble, más parecidos a mascotas a las que hay que enseñar que a agresivos HAL, resultando evidente el paralelismo entre la educación de éstos y la de un hijo propiamente dicho. Así los educadores se enfrentarán a sus problemas (físicos y éticos) propios, a los derivados de unas inteligencias artificiales en continuo progreso, y a los de que, al fin y al cabo, éstos son software que funciona sobre una plataforma que puede cambiar. Excelente planteamiento de las relaciones hombre-máquina, así como de las IAs en sí. Curiosamente he aprovechado mi formación académica similar a la de Chiang para disfrutar doblemente con las vueltas de tuerca de sus propuestas, pues se nota bastante la componente informática de éstas, sin que ello suponga un impedimento para legos.

Independientemente de la mayor o menor brillantez o premios de cada componente, la mezcla final me ha dejado un sabor de boca difícilmente mejorable, más aún al tener en cuenta que en un proyecto con vocación de continuidad. Desde luego, por mi parte voy a seguir comprando los futuros números de la antología mientras pongan tanto cariño y esmero en ellos. Larga vida a Terra Nova.

5 comentarios:

Igor dijo...

Una muy-muy-muy buena iniciativa....

Pedro López Manzano dijo...

Así es, Igor, lo mejor de cada casa.
Una de las mejores antologías que he leído.
Gracias por comentar.
Saludos.

Fose Sánchez dijo...

Desde luego tiene una pinta estupenda. Algunos relatos tienen una temática muy profunda, seguro que bucear en ellos te hará encontrarte con muchos demonios interiores.

Pedro López Manzano dijo...

Así es, Mr. Fose, siguiendo las premisas de la mejor ciencia ficción, plantean premisas interesantes que mueven a la reflexión, y al ser "temas cotidianos", muchas veces esa reflexión es extrapolable a la propia vida de uno.

Un abrazo y gracias por pasarte por aquí. Entra libremente a Cree lo que quieras y no olvides dejar algo de la felicidad que llevas contigo ;)

marcheto dijo...

Hola, Pedro.
Antes de nada, gracias por acordarte de mi blog, que es cierto que tiene algunos relatos de tono similar a los de Terra Nova.
Y sobre todo, apoyo plenamente tu recomendación de Terra Nova, cuya aparición con vocación de continuidad creo que fue una de las grandes noticias del pasado año para los aficionados al género.

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