sábado, 9 de febrero de 2013

RESEÑA: Calabazas en el trastero: Horror Cósmico

Hace ya unos años que Saco de Huesos Ediciones comenzó a regalarnos antologías periódicas temáticas con el sello Calabazas en el Trastero. La colección, caracterizada por incluir historias lúgubres y tensas (género fosco, lo llaman), goza de buena salud y ha obtenido cierto reconocimiento. Ya os hablé del número dedicado a los Bosques, así como del Catástrofes Naturales, para el que tuve la suerte de ser seleccionado. Ahora nos llega el Calabazas en el Trastero: Horror Cósmico.



Extraño es que no hubieran seleccionado explícitamente este tema con anterioridad para la colección, pues el estilo de las historias de H. P. Lovecraft y sus primigenios impensables (muy horrorosos y muy cósmicos ellos) al que es inevitable referenciar, resulta de lo más apropiado para las narraciones aquí habituales, pero nunca es tarde si la ocasión lo merece, por lo que ya hemos recogido la fruta madura (llena de espantosos gusanos, cómo no). En ella encontraremos algunos de los lugares comunes del de Providence, incluyendo varias menciones explícitas a tal ciudad: monstruos que escapan al entendimiento humano, sectas, libros poco más o poco menos que malditos, secretos que no deben ver la luz y otros que nos llevan a la oscuridad... Es la norma, pero no todos ellos son decididamente lovecraftianos; quizá en los que se alejan de estos tópicos he encontrado mayor disfrute, no sé si por destacar per se o por hacerlo dentro de una colección temática.

Como no podía ser de otra manera, todos los relatos que componen la antología están cuidados, en general son buenos, y hay algunas particularidades que sobresalen especialmente. Pero como cada uno es de su padre (o de su madre), será mejor que hable de las criaturas una a una, sin desvelar secreto alguno del argumento, como siempre:

La Teaghonía de Heráclito (Juan José Hidalgo Díaz): muy buena historia a caballo entre el terror y la ucronía histórica en un momento muy concreto de la historia de España. Una manera original de contemplar uno de nuestros grandes puntos de inflexión.

Agujero negro de gloria (Andrés Abel): narración corta y casi intimista, pero al mismo tiempo muy cósmica.

Las estrellas están en posición (Aitor Solar): buen relato basado en una excelente idea cuya posible previsibilidad no resta mérito al conjunto.

La Franja (Fernando Lafuente): la franja del título no es solo la frontera de lo desconocido, sino que además lo es de una manera muy física. ¿Alguien osará traspasarla?

(   ) (Magnus Dagon): Una buena historia de terror muy adecuada para estos días en los que para la mayoría encontrarse un buen dinero casualmente supondría tanto. ¿Pero cuánto es ese tanto?

Los condenados del Titanic (Ana Morán Infiesta): una ágil ucronía del final del célebre transatlántico empleando el formato clásico de terror de “carta encontrada en una botella”, o en un bote vacío a la deriva.

Mientras siga existiendo la esperanza para la humanidad (Óscar Pérez Varela): mediante el empleo de personalidades famosas de nuestras letras como protagonistas se logra un relato interesante y dinámico. De los mejores de la colección.

Parásito (Santiago Sánchez Pérez): buen relato que, por momentos cercano a la space opera, dispara al lector hacia un clímax que deja con ganas de más. Merece seguramente más que ningún otro el epígrafe de horror cósmico.

Horror Vacui (Sergio Mars): quizá la mejor historia de la antología. Original y muy bien contado, aproximándonos a la ciencia ficción, esta vez más clásica. Presenta una manera tan inaudita como lícita de enfrentarse al fin del mundo.

Token (Luis Guallar): historia que entreteje la temática de la antología con la ciencia ficción de laboratorio. Otro de los mejores relatos.

La ciudad bajo las aguas (Ricardo Montesinos): historia clásica y bien contada ubicada en una neblinosa Venecia.

Un brindis al sol negro en Villa Diodati (Juan Ángel Laguna Edroso): un célebre momento literario histórico de Byron, Mary Shelley y compañía nos es presentado de forma alternativa.

Hijos de Lug (David Marugán): con un estilo natural y entretenido se conducirá al lector hacia una situación, cuanto menos, poco natural.

En resumen, una buena colección de relatos de género, amén de otro acierto de la ya consolidada colección Calabazas en el Trastero.

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