martes, 4 de mayo de 2010

Cyrano, sí, gracias.

Cyrano de Bergerac, antes de convertirse en una película estupenda por Gerard Depardieu, que es por lo que casi todos lo conocen hoy, fue otra película igual de buena por José Ferrer (además de otras muchas menores). Ambas están basadas en el texto de Edmond Rostand de finales del XIX que trata de contar la historia del auténtico Cyrano (1619-1655), quien en efecto tenía una poderosa nariz, pero no sé hasta que punto se enamoró de su prima Roxane.
Lo que sí parece claro es que fue un hombre tremendamente controvertido, muy carismático, hábil espadachín, duelista empedernido, valiente soldado, conocedor de la física y de la química más cercana a la alquimia, y sin lugar a dudas uno de los mejores escritores de su siglo en Francia (recordemos, eran los años de Moliere), y abuelo de la ciencia ficción, sobre lo que escribiré otro día.
Pero no soy yo su biógrafo, y con esta entrada del blog sólo pretendía poner un texto que siempre me ha gustado especialmente. Pondré primero la escena y después la transcripción, para acabar con una cita del propio Cyrano...





Pues bien, ése es mi vicio,
me gusta provocar, adoro ese suplicio...
¿Qué quieres que haga?
¿Buscarme un protector?
¿Un amo tal vez?
¿Y como hiedra oscura que sube la pared
medrando sibilina y con adulación?
¿Cambiar de camisa para obtener posición?
¡No, gracias!
¿Dedicar, si viene al caso,
versos a los banqueros?
¿Convertirme en payaso?
¿Adular con vileza los cuernos de un cabestro
por temor a que me lance un gesto siniestro?
¡No, gracias!
¿Desayunar cada día un sapo?
¿Tener el vientre panzón?
¿Un papo que me llegue a las rodillas
con dolencias pestilentes
de tanto hacer reverencias?
¡No, gracias!
¿Adular el talento de los camelos?
¿Vivir atemorizado por infames libelos?
y repetir sin tregua:
¡Señores, soy un loro,
quiero ver mi nombre escrito en letras de oro!
¡No, gracias!
¿Sentir terror a los anatemas?
¿Preferir las calumnias a los poemas?
¿Coleccionar medallas?
¿Urdir falacias?
¡No, gracias!
¡No, gracias!
¡No, gracias!...

Pero cantar, soñar, reír, vivir,
estar solo, ser libre,
tener el ojo avizor,
la voz que vibre,
ponerme por sombrero el universo
por un sí o por un no,
batirme
o hacer un verso;
despreciar con valor
la gloria y la fortuna,
viajar con la imaginación
a la luna,
solo al que vale reconocer los méritos
no pagar jamás por favores pretéritos,
renunciar para siempre a cadenas y protocolo;
posiblemente no volar muy alto, pero solo.



Por último la cita del propio Cyrano, que a más de uno le sonará:

Un hombre honesto no es ni francés, ni alemán, ni español, es Ciudadano del Mundo, y su patria está en todas partes

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta, es elocuente.

El cuentacuentos dijo...

Ahí va eso:

http://www.librosgratisweb.com/libros/viaje-a-la-luna.html

El Viaje a la Luna, de Cyrano de Bergerac, un curiosísimo libro de ciencia ficción.

Pedro López Manzano dijo...

Por libros como ese es por lo que he llamado a Cyrano "abuelo de la ciencia ficción", ya que aunque no sea de este género en realidad (se trata más bien de aventuras extrañas y como dices, curiosas), si que se le considera uno de sus más antiguos precursores.

El cuentacuentos dijo...

Pedro Salinas también tiene una novela de ciencia ficción.

Y Voltaire.

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