miércoles, 17 de octubre de 2012

RESEÑA: El Aleph, de Jorge Luis Borges

Leer los relatos de Jorge Luis Borges para aquellos que no estamos acostumbrados a hacerlo con frecuencia (nótese que me incluyo), es algo parecido a escuchar a John Coltrane (u otro músico magistral de jazz, por así denominarlo “puro”) si antes lo más cercano que conocemos son las canciones de Louis Armstrong. El salto estilístico de uno a otro parece guardar cierta lógica, y lo más probable es que nos guste el saxofonista, pero de entrada tendremos la sensación de que la melodía que llega a nuestros oídos, aunque nos seduzca, posee muchos más matices de los que somos capaces de apreciar, matices que se nos escurren, sabemos que se nos están escurriendo, y por tanto provocan la frustración de no poder entenderlos. Aun con todo, con Coltrane solo podemos escoger una opción, que es seguir escuchando, de igual forma que con Borges la única alternativa es la de seguir leyendo.


De esta manera, leer al escritor argentino rara vez puede convertirse en una experiencia completa (excepto quizá para aquellos que alcancen su nivel de erudición), ya que tiende a introducir en sus retorcidas tramas una buena cantidad de referencias cultas o incluso de su vida personal, por lo que la lectura no será sencilla, pero resulta innegable calificar dicha experiencia como siempre interesante, a menudo estimulante y en ocasiones hasta deslumbrante. El libro de cuentos El Aleph (publicado en 1949) es un claro exponente de este particular estilo.
Compuesto por diecisiete relatos independientes de extensión variada, entre ellos podemos encontrar desde historias realistas que podrían ser poco más que la entrada biográfica de una enciclopedia, hasta auténticas joyas fantásticas. Unas grandilocuentes, otras sencillas y casi anecdóticas, todas dotadas de la singularidad borgiana.


No sé si a continuación referiré las mejores, pero sí las que más me han gustado.
Con “El inmortal”, con el formato de relato de aventuras nos involucramos en una búsqueda mítica con referencias a la literatura clásica griega. Es brillante, quizá el que más me ha llamado la atención además del propio El Aleph.
“Historia del guerrero y la cautiva” plantea con gran elegancia y belleza la dicotomía entre los valores civilizadores y la visceralidad del deseo entretejido con las costumbres, aunque éstas sean desfasadas.
“Emma Zunz” es la pequeña historia de una venganza. A grandes rasgos tópica, pero extraña y con fuerza en la resolución formal.
“La casa de Asterión” es una vuelta de tuerca al mito del laberinto del minotauro, al ubicarnos en su tranquilo punto de vista.
Desde “El Zahir” se transforma lo cotidiano (una moneda) en singular para acabar realizando consideraciones divinas.
“La escritura del Dios” nos muestra las deliberaciones de un prisionero sobre el poder divino y su importancia.
“Los dos reyes y los dos laberintos” es una contundente parábola sobre el poder.
“El hombre en el umbral” es otra interesante y vibrante parábola sobre la justicia y los justicieros.
Por último, el cuento que da nombre a la antología es “El Aleph”. Una obra maestra en la que el propio Borges (personaje narrador en muchas de sus historias) encuentra un objeto esférico fantástico mediante el que puede contemplarlo todo al mismo tiempo con claridad meridiana, suponiendo una fuente de inspiración suprema para alcanzar la perfección.

Por último os subrayo un par de extractos de esta estupenda colección:
“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”
“Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas y desventuras, aunque ese hombre sea él”

2 comentarios:

Igor dijo...

¡Cuidado, cuidado! Que estás hablando de Dios y de dos de las mejores criaturas de dios.
Además de El Aleph, Los Inmortales es todo un abracadabra para los sentidos y eso que tenemos muy al fondo que no sé que es exactamente.
MMMM. Gracias por reflotarlos.
Saludos.

Pedro López Manzano dijo...

Una vez me dijo alguien con un criterio que respeto profundamente que un cuento mío era borgiano y enrojecí del orgullo. Es desde luego una singularidad literaria.

Gracias a ti por pasarte y comentar.

Un saludo.

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