Las palabras ingrávidas bailan en el vacío de mi mente, moviéndose con elegancia hacia arriba y abajo a mi antojo, hacia delante y atrás prestas tras mi más leve orden, formando, deformando y desformando oraciones bellas, pavorosas, cuerdas, descabelladas, conforme me recreo con los milagros de la combinatoria, a la velocidad límite de una neurona.
Unas brillan con luz propia durante segundos, cambio de opinión y las mudo de forma, tamaño, olor, color o gravedad, y cuando parecen ser las escogidas las hago desaparecer ocultándolas en la retaguardia del espacio infinito que me sirve como un tablero de todas las dimensiones sobre el que las alineo de izquierda a derecha, porque no dejan de ser fichas con las que pasarlo bien, y esto no deja
de ser un juego. Y los juegos, a fin de cuentas, están para divertirse.
Alguien en quien anidar
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John Wiswell es un autor que venía produciendo relatos desde 2010, aunque
empezó a llamar realmente la atención en 2020, con la publicación de «Open
house ...
Hace 11 horas


















3 comentarios:
Déjalas bailar, canturrear, flotar...cuando tu las escoges, se reducen a puro arte.
Jeje, muchas gracias.
Esta entrada está dedicada a ti, mi querida Abril, y a tus tres sonrisas. La natural, la ensayada, y la escrita.
Gracias a ti por estas creaciones, y por tu dedicatoria. Mi sonrisa chaplin acaba de apoderarse de mi cara.
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