lunes, 15 de agosto de 2011

RESEÑA: El libro del cementerio, de Neil Gaiman

A veces me pregunto si, dentro del género fantástico, sólo se es capaz de captar mayoritariamente al público adolescente con productos de medio pelo. Dos de los tres mayores éxitos editoriales de la última década lo son. El primero, la saga multimillonaria del niño mago, que he leído entera, y que no niego me ha deparado la satisfacción de poder pasarme a un idioma que no es el mío sin que me planteara problemas lectores, debido a su extrema simplicidad. Eso sí, literariamente no pasa del aprobado y en una balanza  ganarían los pros a los contras, pero sin holgura. El otro éxito es una saga ciertamente terrible repleta de conceptos ridículos ideados por una autora ultraconservadora. Sí, ya sabéis, vampiros de piel diamantina a la luz del día (¡!). Una opción mucho más cercana a la novelita rosa de un duro que al terror que pretende. Repito: terrible.
¿Y esto a cuento de qué? Pues sencillamente porque mientras se perpetran estos libros también se escriben otros cuyo público objetivo es el mismo, y además son buenos. Incluso muy buenos. Uno de ellos es El libro del cementerio de Neil Gaiman.



El libro del cementerio es, básicamente, un cuento. Escrito de una manera deliberadamente sencilla, nos lleva a un entorno de historia de terror descrito con una amabilidad y maestría que hacen sentirse cómodo al lector, que no necesita sustos o clímax cada dos páginas para disfrutar de la experiencia. Interesado por las intrigas planteadas con un ritmo acertado, en unos capítulos que casi son relatos autoconclusivos, éste seguirá la narración realizada con pasmosa naturalidad, asimilando con desahogo los elementos sobrenaturales –que son casi todos– dentro de una historia finamente hilvanada.

Pero ojo, basta que demos un paso atrás y observemos el argumento con un poco de perspectiva para darnos cuenta de que estamos frente a un cuento, sí, pero uno macabro y con retales de violencia y sabor a veces agridulce, y si no echemos un vistazo al primer capítulo: un sádico armado con un cuchillo, el hombre Jack, se introduce con premeditación, alevosía y nocturnidad en un tranquilo hogar. Allí, con singular profesionalidad, asesina sin miramientos al padre, la madre y la hija, una niña. Tan solo el hijo, apenas un bebé, y de forma casi casual, sale gateando por la puerta entreabierta de la casa, y seducido por la niebla nocturna, llega hasta un cementerio cercano. Hasta allí le persigue el criminal, y cuando está cerca la fatalidad, los espectros de los enterrados en el camposanto deciden adoptar al bebé, ocultándolo entre ellos y rebautizándolo con el nombre de Nadie –Nad para los amigos–, pues a nadie se parece. Algo siniestro, ¿no? Pero, ¿acaso no lo son en realidad casi todos los cuentos clásicos (daré una pista: cambiemos asesino por tigre y fantasmas por familia de lobos y otras criaturas selváticas. Sí, es un homenaje/reescritura de la historia de Mowgli en El Libro de la Selva, del gran Rudyard Kipling)? También como aquellos, con un aroma muchas veces dulce y poético.

Pues disfrutar de estas tinieblas es lo que se consigue en las páginas de este libro. Quizá de una forma muy tradicional: con el joven Nad instruido tanto por sus vivencias y aventuras cotidianas así como por su tutor y maestro, el misterioso Silas, excelente personaje, encaminándose hacia un destino ineludible. Sin embargo, aunque la historia en el fondo no rompa los moldes de la originalidad, la manera en que está presentada y la lograda atmósfera de la misma logran un conjunto no solo consistente sino por momentos cautivador, muy propio del autor.

Y es que debemos recordar quién es el padre de la criatura. Neil Gaiman fue hace un tiempo uno de los grandes revolucionarios del mundo del cómic con su magistral The Sandman. Ahí se convirtió en un narrador nato mundialmente reconocido, amén de creador de historias único con estilo propio. Posteriormente ha seguido con su carrera como novelista con la misma brillantez y no menor reconocimiento (de hecho esta novela ha sido galardonada con los premios Hugo y Locus, entre otros, y no es la primera de Neil Gaiman que los obtiene). Y siguiendo la dinámica de sus libros de relatos o de novelas cortas como Stardust y Coraline nos llega este El libro del cementerio. Las otras dos novelas fueron adaptadas al cine de forma excepcional. No me extrañaría que sucediera lo mismo con ésta, ya que en buena lógica alguien criado entre viñetas emplea un lenguaje tremendamente visual.

Y que siga haciéndonos estos regalos. Y quizá algún día, los lectores de las series que antes he mencionado evolucionen, por qué no, a la saga de los “Cuentos oscuros” de Neil Gaiman. En realidad, formaría parte de un proceso natural.

2 comentarios:

Loren dijo...

A mi me ha parecido una de las mejores novelas juveniles que he leído (Coraline también me gustó mucho, pero algo menos). Sin duda, todo ser al que diga gustarle la literatura juvenil o de fantasía no sé qué hace que no ha leído este libro.

Estamos de acuerdo en las mismas cosas, es una de esas pequeñas joyas que salen cada cierto tiempo (y a mi Harry Potter me gustó bastante xD), deseando estoy de ver la próxima novela de Gaiman, espero que sea juvenil.

Leí The Graveyard Book en el original, pero después de este leí la antología que también sacó Roca con El Cementerio sin Lápidas (hay una reseña en La Espada en la Tinta por ahí), que aunque tuvieron la cara dura de meter un capítulo entero de El Libro del Cementerio, y repite algunos cuentos de otras antología, al final resulta un libro agradable y curioso.

Ah, ¡y genial adaptación de El Libro de la Selva de Kipling!

Un saludo.

Pedro López Manzano dijo...

Desconocía lo que has comentado de las ediciones, Loren. Por cierto, genial el apunte que haces a Kipling (uno de los escritores que ha aparecido ya varias veces en CLQQ, además de una debilidad personal), no sé cómo se me ha pasado comentarlo.

Gracias por pasarte y por señalar cosas tan interesantes.

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