miércoles, 5 de enero de 2011

MICRORRELATO: Reflejos

Él lo leyó en un relato. De Cortázar, o de Borges, no recordaba muy bien ya, pero la idea viajó a su cabeza con billete de sólo ida. Primero como una curiosidad, como una gracia más estética que otra cosa. Como divertimento inocente empezó a llevarla a cabo, y cada vez que montaba en el cercanías o en el metro, miraba el reflejo en el cristal de la ventana de enfrente. Buscaba unos ojos, los de ella, que encontraran su mirada, porque también la estaban buscando. A veces se cruzaba con unos más persistentes de lo habitual, pero ningunos se detenían más de unos segundos, por la vergüenza del vouyer cazado, por mirar a otro lugar, por casualidad, quién sabe porqué.

Ella no lo había leído en ningún cuento, sencillamente lo tenía como entretenimiento romántico desde que podía recordar, y le gustaba pensar que algún día alguien la encontraría en el espejo, le sostendría la mirada durante todo el trayecto, y ése, ¿por qué no?, sería su príncipe azul. Pero los príncipes azules no existían y por ello ninguno jugaba con ella con esas reglas.

Quiso el destino que ambos se sentaran juntos una vez. Él clavó sus ojos en los de ella en el cristal de enfrente. No había nadie sentado en el otro lado, la visión era nítida. Los ojos de ella empezaron a bailar mirando a uno u otro lugar, saltando de una persona a otra. La mirada de ella buscaba cómplice otras miradas; él se dió cuenta y se puso ligeramente ansioso. Por fin llegaron hasta los suyos. Durante una fracción de segundo se encontraron. Y después los de ella pasaron de largo y se posaron más allá.

Una lástima, otra oportunidad perdida. Por curiosidad siguió la persistente mirada de ella, para observar que había reclamado su atención. Era un tipo que se fijaba en sus propias manos sin disimular el aburrimiento. Era más guapo que él.

4 comentarios:

Ángeles dijo...

Precioso relato. Me ha gustado mucho. Me ha puesto una sonrisa en la cara, que me hacía falta. Gracias

Pedro López Manzano dijo...

Me gusta que te guste.
Y sobre todo me alegra que te haya servido para algo que necesitabas.

Ella dijo...

Y qué hubiera pasado si él se queda mirandola fijamente, y ella aún sin mirar se está dando cuenta y lo ignora voluntariamente por miedo o simple parálisis nerviosa? Qué pasa si los dos saben lo que ocurre y nadie más alrededor parece notar nada?


MAGIA!

Pedro López Manzano dijo...

En ese caso... sería otra historia, jeje.

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