lunes, 3 de enero de 2011

RESEÑA: Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury

Es curioso ver como a veces, por leer cosas más de moda o actuales, nos dejamos en la estantería otras imprescindibles, y no podemos olvidar que, aunque ahora hay libros excepcionales —tampoco muchos—, sólo hay obras maestras en el pasado, pues el tiempo ya las ha juzgado en su justa medida. Así, por ejemplo, conozco a bastante gente que ha alucinado con Canción de Hielo y Fuego, y sin embargo ni ha leído, ni piensa hacerlo, El Señor de los Anillos.
Esto mismo pasa con Crónicas Marcianas (1950), de Ray Bradbury. Sí, seguramente muchos lo habéis disfrutado ya. A mí no me da vergüenza reconocer que no lo había hecho. No me da vergüenza porque afortunadamente ya he subsanado ese error, claro.



El bueno de Ray tiene estilo propio, pero ineludiblemente me hace pensar en algunos otros autores. Me recuerda a Wells y a Dick en sus ideas brillantes, a Heinlein en la firmeza con que maneja la narración y sobre todo a mi idolatrado Fredric Brown en su sentido del humor, que oscila entre la broma inocente y la sátira devastadora. Me hace pensar en los cuentos cortos de Brown especialmente en estas Crónicas Marcianas, ya que se pueden entender como colección de relatos independientes, que claro está, juntos conforman un conjunto formidable contemplable como una obra global. No en vano Bradbury se crió literariamente mamando de y hacia las revistas pulp, y esto se nota aquí. En cualquier momento el lector puede revisitar cualquiera de los relatos de manera puntual, y tiene regusto a Weird Tales. Luego está la cuestión particular de que su obra mueve a la reflexión. A veces demasiado obvia, pero tampoco sin tomar al lector por un simplón. Primero está la narración, una aventura interesante, a veces retorcida o chocante, casi siempre muy original, y cuando uno la acaba se pregunta: ¿por qué tengo miel y cenizas en la boca? Pues la miel porque la historia te ha encantado, y las cenizas porque en el trasfondo de la misma, algunas veces hay escondida una sensación de soledad brutal, de pesimismo que de unas pocas palabras se extiende a la humanidad.

Esta falta de fe en el hombre, la creencia de que su espíritu egoísta se alzará y dominará sobre el lado bondadoso y la desconfianza en su futuro son algunas de las ideas que se convertirán en lugares comunes en su carrera como escritor, así como otras como el posible colapso de la cultura asfixiada por evoluciones distópicas de los gobiernos. Éste es el tema de fondo en el soberbio Usher II, estiloso anticipo de la novela de tres años después Fahrenheit 451.

Cada capítulo es una historia independiente sin casi relación con el resto, y el argumento es a priori sencillo: la colonización de Marte comenzando por diferentes misiones de exploración previas: pura ciencia ficción… se supone. Por eso es un gustazo ver como se recrea Bradbury con el juego de la reubicación de otros géneros literarios dentro de diferentes capítulos de crónicas, siempre dando, al menos, una vuelta de tuerca. La comedia en el cruelmente divertido Los hombres de la Tierra o en el elaborado gag Los pueblos silenciosos, y de manera deliciosa y dulce en el precioso capítulo Encuentro nocturno. El terror en el brillante e inquietante La tercera expedición, en el desolador Vendrán lluvias suaves o en el ya mencionado Usher II, que homenajea de forma explícita a Poe. Hasta con el western se atreve con el pesimista Aunque siga brillando la Luna. Toca el naturalismo con La mañana verde, o las desigualdades sociales en el estupendo Un camino a través del aire. Juega también con los sentimientos más íntimos en el genial El marciano. Inolvidable. Tremendo.

Todo Crónicas Marcianas es tremendo, e imprescindible
. Y sí, creo que hay que leer Canción de Hielo y Fuego, pero también El Señor de los Anillos.

Os dejo con un par de citas, respectivamente de Aunque siga brillando la Luna y El marciano, dos de mis relatos favoritos:

“Un hombre de la Tierra piensa: ‘En ese cuadro no hay realmente color. Un físico puede probar que el color es sólo una forma de la materia, un reflejo de la luz, no la realidad misma’. Un marciano, mucho más inteligente, diría: ‘Este cuadro es hermoso. Nació de la mano y la mente de un hombre inspirado. El tema y los colores tienen vida. Es una cosa buena’”.

“A la Providencia no se le hacen preguntas. Cuando no se puede tener la realidad, bastan los sueños”.

6 comentarios:

Gus dijo...

Sentida review de una obra colosal en su sencillez y buen hacer.

Me encanta Crónicas Marcianas!

El soñador sin párpados dijo...

Yo tampoco he leído "Crónicas Marcianas"; así que la apunto para mi lista de novelas pendientes.
Te recomiendo que leas también:
Fahrenheit 451
La novela es muy buena.

Pedro López Manzano dijo...

Pues, aunque me apetece, aún no la he leído. Sin embargo sí que vi hace unos años la adaptación de Truffaut y merece mucho la pena.

Se hablaba de una nueva versión de Frank Darabont, y la verdad, me encantaría, primero porque me parece un gran cineasta, y segundo porque en la versión anterior de Fahrenheit 451 lo peor era lo que cantaban los efectos (se veían los cables de las mochilas voladoras mucho, por ejemplo).

El soñador sin párpados dijo...

A mí la película de Truffaut me gusta, pero creo que como adaptación le falta transmitir la ansiedad y el desconcierto del personaje principal; el film es mucho más contemplativo.
En lo que se refiere a Frank Daranbont coincido plenamente contigo, es un director fantástico y haría una buena película con cualquier material que adaptase; de eso, estoy seguro.

Guillermo (Atreus) dijo...

Un libro absolutamente maravilloso. Y si os gusta, os recomiendo otra imprescindible antología de relatos de Bradbury titulada 'El Hombre Ilustrado', en la cual pueden encontrarse algunos relatos que perfectamente podrían haber entrado en 'Crónicas Marcianas'. Uno de ellos, de hecho, es una secuela...

Saludetes.

Pedro López Manzano dijo...

Muy a tener en cuenta "El hombre ilustrado". Gracias por tu comentario, Guillermo, y por dejarte caer por aquí.

Salu2.

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