jueves, 1 de septiembre de 2011

MICRORRELATO: Especial

Durante años tuvo la intuición respecto a sí mismo, que a veces rayaba misteriosamente en certidumbre, de que era especial.

A veces le invadía la sensación surrealista de que poseía una gran fuerza interior, de que era capaz de vaciar su mente por completo de pensamientos, de obviar estímulos y concentrarse en la nada. En esos momentos abandonaba su cuerpo para viajar a ningún lugar y en ausencia de todo, tan solo quedaba su alma reducida a la mínima expresión, quizá un fotón invisible, pero incombustible. Entonces, despejada la ecuación matemática de la existencia a la verdad absoluta tras resolverse todos sus elementos, alcanzada la paz, se embriagaba de poder, solo que no sabía exactamente qué era lo que podía.

Con el tiempo aprendió a alcanzar con mayor facilidad estos estados en determinados entornos que los facilitaban. Acostado antes de conciliar el sueño, cuando la verdad y la mentira dejan de tener sentido, y lo divino y lo profano significan lo mismo; en la intimidad sincera posterior al sexo, arrancado de cuajo todo deseo de la piel; dialogando con Bach, pero sin palabras, con dos violines; flotando boca arriba en el mar sereno, escuchando cada inspiración y expiración haciendo eco en unos tímpanos sumergidos tres centímetros bajo el nivel del agua, la luna y las estrellas bañando de blanco su cuerpo desnudo…

Finalmente llegó a comprender, e hizo lo que tenía que hacer, descubriendo en definitiva por qué era especial. El mar estaba tan liso como una lápida de mármol pulido, y se abandonó al vacio. Boca abajo, sin mover ni un músculo, como si lo hiciera en el espacio que a su espalda le espiaba. Se deshizo de sus sentidos y con ellos de todo estímulo. Mató sus pensamientos y con ellos todo deseo y apetencia. Olvidó su cuerpo y su alma con ello todo lo que le ataba al mundo, y entonces, por fin, dejó literalmente de existir.

6 comentarios:

Salvador Suto dijo...

Me gusta mucho,muy de sentidos y sensaciones, según lo lees te dan ganas de experimentarlas, o de recordar experiencias parecidas, a ver si tu también te sientes así de especial...

Pedro López Manzano dijo...

Gracias por tu comentario Suto.

En efecto, es un relato en el que entre otras cosas trato de transmitir las sensaciones que dices, mas no sé hasta que punto es deseable ser así de "especial". Al fin y al cabo, el motivo por el que lo es es -permite que me invente la palabra- bastante inexistencialista.

Espero verte por aquí con cierta frecuencia. :)

Juan Pablo Cozzi dijo...

Muy bueno.
"Quizá un fotón invisible, pero incombustible" es impresionante.
Seguiré leyendo, veo que hay mucho para ver.
Un saludo desde Buenos Aires.

Pedro López Manzano dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Juan Pablo, resulta muy alentador. Bienvenido a CLQQ y espero que el resto de contenidos (especialmente mis ficciones) no te decepcionen.
Otro saludo.

El cuentacuentos dijo...

¿De qué le sirve a Superman ser Superman invisible, si nadie lo ve?

Buen cuento, Pedro. Amargo tono en tus últimos cuentos. Puedes hacer un ciclo con ellos, darles estructura y publicarlos juntos.

Pedro López Manzano dijo...

Buena pregunta (retórica) Cuentacuentos.

Respecto a la amargura, je, ya sabes dónde vivo ;)
A veces coge uno la pluma (tecla) y las cosas salen así, aunque tengo uno recién acabado con final feliz... ya lo leerás, espero.

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