lunes, 14 de septiembre de 2015

Ni colorín ni colorado, de Rafael González

Durante los últimos años se ha puesto de moda el revisionismo sobre los cuentos clásicos (Grimm, Andersen, Perrault…), con diferente alcance y resultado. Ahí tenemos una buena cantidad de versiones en imagen real de los clásicos de Disney que están apareciendo ahora y lo harán próximamente con resultado no del todo satisfactorio. O las series que aunque llamativas, resultan notoriamente mediocres (por no decir deficientes) como Grimm o Érase una vez. En otras artes y calidades encontramos las excelentes series de cómics Fábulas (en buena parte la gran responsable de esta moda), o más tangencialmente The Unwritten, de tanta calidad como la anterior aunque mucho más extraña. Literariamente, el verso libre Sapkowski se ha erigido como el gran rey con sus maravillosas y retorcidas versiones de El último deseo, pero también podemos encontrar otros proyectos, quizá de menor calado pero aun así de interés como (Per)versiones cuentos populares o este Ni Colorín ni Colorado, de Rafael González.



Con Ni Colorín ni Colorado nos encontramos con una colección de relatos dividida en dos partes. En primer lugar hallaremos una serie de epílogos de los cuentos clásicos en su versión más oscura que conceptualmente apuntan a la idea de La noche 1.002, esto es, después de que el cuento acabara, después de que el bien triunfara sobre el mal, después de la noche 1.001 ¿en realidad se logró ese y vivieron felices y comieron perdices? Es decir, ¿hasta qué punto se alcanza ese clásico “colorín colorado”?. Pues a medida que vamos leyendo estos relatos-epílogos nos vamos dando cuenta de que, tal y como anuncia el título: ni colorín, ni colorado.
La segunda parte, quizá la más interesante, creativa y bien llamada Reflejos del espejo cuántico, pues se refiere a posibles versiones de los cuentos en otro posible universo, nos plantea historias que igualmente iremos identificando mediante un nombre, una acción, un detalle, en entornos bien diferentes: realista, de ciencia ficción pulp, en el Berlín del telón de acero… y en las que encontraremos guiños más o menos claros. Por ejemplo. Si una narración transcurre en Providence y hay criaturas de las profundidades del mar, ¿a qué escritor podemos estar homenajeando?

Los relatos están bien escritos y la prosa, que a veces parece va a ser excesiva por el gran predominio de descripciones sobre diálogos, logra frenarse cuando ha de hacerlo para resultar agradable para el lector.

Por otra parte, al tratarse de una colección muy corta (no alcanza las 150 páginas), quizá la tendencia sea a leerlo en un par de sentadas, lo que resultaría sin duda un error, pues aunque los giros argumentales sean diferentes, cansaría por tratarse de un concepto repetido y no se alcanzaría el potencial de la antología. Por mi parte he hecho caso del autor, leyendo un par de relatos al día, máxime tres, con lo que los he disfrutado, resultando entretenidos y por momentos divertidos.

Por último, he de agradecer a Rafael González el ejemplar, que afortunadamente en esta ocasión no he tardado tanto en reseñar.

2 comentarios:

Rafael Gonzalez dijo...

Muchas gracias a ti, por este comentario.

NO es sólo el gusto de hacer disfrutar a un lector, si no saber que se lo va a recomendar a otras personas. Con críticas así, regalar un ejemplar es más que un placer.

Un abrazo, y espero seguir mejorando.

Pedro López Manzano dijo...

El placer ha sido todo mío.
¡Cómo no!

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