lunes, 4 de agosto de 2014

MICRORRELATO: Frente a mis ojos

Autobús demasiado rápido. Placas de hielo en la carretera sobre el lago helado. Un deslizamiento antinatural e incómodo, como haciendo equilibrios sobre los dedos de un pié. Un chasquido, un crujido, y de repente no hay gravedad. Unos viajeros entrechocados contra otros como el relleno de unas maracas. Un tipo corpulento y malencarado, con un parche en el ojo, se aferra a mí en una presa invencible. En su único ojo veo pánico salvaje, o salvajismo despavorido, quizá ambos.

Golpes desde todas partes, más regresos y desapariciones de la gravedad. Cristales rotos y de repente todo está frío y mojado mientras el autobús se hunde. Lo único que permanece intacto es el abrazo del tuerto aterrorizado.

Entonces mi vida desfila en una rápida sucesión de imágenes frente a mis ojos. Soy solo un niño en una cocina mugrienta y unas manos nerviosas me golpean hasta hacerme sangrar. Espero a otro niño en el patio del colegio y le doy una pedrada en la sien, y lo disfruto; es mi venganza, y no es justa, pero no me importa.

Esta… Aguardo en un zaguán con un cuchillo en la mano. Paso un dedo calloso por el filo haciendo la presión justa para no sajarme. De repente aparece una mujer despistada por la puerta. La empujo contra la pared, la estrello contra ella y la aguanto ahí. La navaja en su cuello la mantiene callada mientras la recorro. No sé si me gustan más sus lágrimas, su tacto o el calor de su cuerpo al hacerlo mío.

… No es…

Ese desgraciado lleno de tatuajes se me acerca con un cuchillo en la mano. Está oscuro, pero el metal capta brillos reflejados de las farolas. Me ataca y lo esquivo. Vuelve a hacerlo y me alcanza en la cara, pero baja la guardia y aprovecho. Le doy con la tubería de plomo en la mano y suelta el arma. El siguiente golpe, en la frente, lo noquea. Los últimos le hunden el cráneo en secos restallidos. Me llevo la mano a la cara; algo húmedo y cálido chorrea de mi cuenca ocular.

… Mi vida.

Esta no es mi vida. Esta no es mi vida. Me empapo de agua helada de un golpazo. Estoy viendo pasar frente a mis ojos la vida del tuerto criminal del asiento de al lado. Debe haber un error. Si el tópico de la vida como sucesión de imágenes en un último instante es cierto, también puede serlo el del cielo y el infierno. Trago agua gélida. Me quedo sin aliento. Esta no es mi vida. No quiero su vida, quiero la mía. No puedo respirar. Que alguien me ayude.

4 comentarios:

Salvador Suto dijo...

Ufff que mal cuerpo te deja...

Hammer Pain dijo...

Un gran relato, desgarrador...
¡Saludos!

Anónimo dijo...

Cojonudo, Pedro. Estás en forma.

Pedro López Manzano dijo...

Muchas gracias por pasarte y comentar Hammer. Hacía tiempo que no escribía ningún relato corto del género y lo cogí con ganas.

Anónimo, me alegro de que te guste. Jeje, en forma estoy, pero no muy buena, precisamente.

¡Sendos saludos!

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