miércoles, 11 de junio de 2014

RESEÑA: Endymion, de Dan Simmons

Un lustro después de alcanzar la cima de su carrera con Hyperion y La caída de Hyperion, Dan Simmons decidió regresar al universo creado para estas novelas para alegría de los numerosos seguidores que había ganado con ellas, y escribió Endymion (1995), volviendo al mundo, a algún personaje y a la temática fundamental de sus predecesoras.


Simmons sitúa la acción casi tres siglos después de la debacle universal ocurrida al final de La caída de Hyperion. Recordemos que en aquella, para salvaguardar la raza humana de los funestos intereses del Tecnonúcleo (esa vasta especie de inteligencias artificiales mucho más evolucionadas que nosotros), se aniquiló la red universal de teleyectores, esto es, la capacidad de interconexión inmediata de diferentes mundos aunque estuvieran separados por muchos años luz. Así, se pasó de una instantaneidad casi absoluta a un profundo aislamiento de cada mundo, al tener que volver a producirse cada comunicación mediante el viaje en nave espacial. De esta forma, la inmensa mayoría de planetas experimentan una grave regresión tecnológica y social, revueltas, hambruna, y como a río revuelto el pescador más listo llena sus redes, la que al final de aquella Hegemonía se hallaba casi extinta Iglesia Católica se hace, mundo a mundo, de nuevo con el poder, tanto militar con su rama Pax (que fundamentalmente luchará contra los ancestrales y demonizados enemigos éxters), como económico con Mercantilus. La comparación de un mundo retrógrado dominado por la Iglesia con la Edad Media es inmediata. Pero, ¿qué ofrece a cambio de tanta lealtad y conversión? La resurrección, claro. Mas no del alma sino del cuerpo, mediante la comunión con el parásito cruciforme, que una vez puesto en el cuerpo del católico, hará que este se recomponga físicamente mientras quede algo del mismo, y mediante un proceso depurado al que vimos en Hyperion, pues no idiotiza ni destruye la libido con cada resurrección, por lo que todo el mundo lo desea. Así, poco a poco, Pax ha ido reconquistando pacíficamente casi todos los mundos restantes tras el colapso y formando un todopoderoso imperio.

Y dentro de este escenario nos encontramos cuando conocemos a nuestro protagonista Raul Endymion, un buen hombre, normal y corriente excepto por no querer aceptar el cruciforme católico. Condenado a muerte y esperando sentencia, aprovechará su lamentable situación para contarnos su historia, que casualmente comenzará en el conocido planeta Hyperion, cuando se le condene a muerte por primera vez, muchos años atrás. No obstante en buena lógica, esta primera condena no llegará a fin, y un carcamal, grosero, quejicoso y con (justificados) aires de poeta le encomendará la titánica misión de salvar en las míticas Tumbas del Tiempo a la niña Aenea, predestinada a poner en jaque a la Iglesia. Raul también deberá ponerla a salvo, acabar con el imperio de Pax, contactar con los éxters, encontrar y terminar con lo que quede del Tecnonúcleo, eliminar al legendario Alcaudón y volver al poeta a que le dé el visto bueno. Tal es la no poco ambiciosa misión. Y la acepta.

Endymion es una novela trepidante. Desde el momento en que encuentre a la niña se emprenderá una huida vertiginosa de mundo en mundo en la que el propio Endymion, la carismática Aenea y el servicial androide A. Bettik serán perseguidos con tenacidad por el padre capitán De Soya, un jesuita de Pax, también buen tipo, pero antagonista de nuestros héroes. Se irá cambiando de mundo como si de círculo del infierno de la Divina Comedia se tratara, y cada nuevo lugar estará lleno de color, con nuevas características y extrañas culturas bien dibujadas por Simmons, que no en vano sabe muy bien como realizar tales tareas, y esto es bueno. Sin embargo, la acción llega a convertirse en demasiado lineal y algo repetitiva, como realizar una travesía por un río que aunque pase por diferentes lugares, está falto de afluentes que den más interés al torrente, y es que después del genial Hyperion y del complejo, divertido e interesante La caída de Hyperion, esta novela, con solo los puntos de vista narrativos del grupo de Endymion y Aenea y el de De Soya, se queda corta, y muy pendiente de la resolución de la cuarta y última parte del ciclo, El ascenso de Endymion, para saber si realmente merece la pena. Ya adelanto que sí lo hace, pero es desde luego la parte más floja de las cuatro y aquella a la que la etiqueta de space opera está mejor adjudicada. Y ojo, que el resto también lo son, pero aportan mucho más que aventuras en el espacio y viajes a lugares exóticos, sin duda. Y esta solo un poco más. Eso sí, bien contado y muy entretenido, aunque quizá podría haberse ahorrado 200 páginas.

Por supuesto seguirán existiendo multitud de referencias cultas literarias, históricas y mitológicas. Por ejemplo, la archienemiga del grupo de héroes se llamará Radamanth Nemes (Nemes por la justiciera diosa griega de la venganza Némesis y Radamanth por Radamantis, uno de los implacables jueces del Hades). Eso sí, no encontraremos el familiar (y nada desagradable) abuso en la mención a la vida y obras de John Keats, -que además de escribir en su tiempo un poema épico llamado Hyperion, hizo lo propio con Endymion-; ahora se hablará de él más esporádicamente. Además, en una suerte de autorreferencialidad posmoderna, la obra más mencionada será el célebre poema prohibido de Martin Silenus (que comprenderá las dos partes previas), Los Cantos de Hyperion, de obligada lectura tanto para los personajes (que irán viendo cómo se atan cabos sueltos de los Cantos, aunque se abran nuevas interrogantes), como para que el lector saque todo el partido al libro, amén de recordarlos con múltiples objetos: las armas de Kassad, la nave del cónsul, el comlog de Siri, la alfombra… y por supuesto, el siempre mortífero Alcaudón.

En definitiva, Endymion es una buena historia, quizá más simple de lo esperado, que nos deja pendientes de la resolución de la saga de Los Cantos de Hyperion que llegará con El ascenso de Endymion, de la que próximamente hablaré.

Por último, en esta ocasión tan solo una cita:

“No me sorprendí de despertarme con vida. Tal vez uno solo se sorprende cuando se despierta muerto.”

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