miércoles, 4 de junio de 2014

MICRORRELATO: CuasiJob

Hace años leí en un libro que un tipo se autocalificaba como un Job sin amigos, sin Dios y sin lepra. Una soledad considerable para un tipo bastante roto. Curiosamente esa misma novela luego no seguía inercia alguna de tristeza, o al menos ese es mi recuerdo de sus páginas. Quizá por ello en este preciso instante la rememoro: la última vez que pisé esta calle acabé sentado al final de la misma, de cara a un Atlántico bebedor del Tajo, en una mañana de agosto, rodeado de amigos, contemplando la oscilación del agua y el cielo luminoso (de la ciudad de la luz), callando y riendo, charlando y riendo, viviendo y riendo.

Ahora tan solo me hallo con la oscuridad mortecina y el silencio agrietado a ratos por el rumor del río. Como con ese cuasiJob, ya no hay amigos junto a mí. Nunca ha habido Dios, no conmigo. Y bueno, siempre queda un poco de lepra, pero se lleva bien. Y como en mi recuerdo de aquella novela, tampoco hay dolor.

Vuelvo a sentarme al final. Sin amigos, sin Dios y casi sin lepra. Irrumpe un soplo de gas por mi esófago y eructo sin querer. Huele a albóndiga de bacalao. Vuelvo a reír. De eso sí que ha habido, motivos para reír. De eso, siempre.

3 comentarios:

Pedro López Manzano dijo...

Microrrelato escrito desde la siguiente lista de palabras aleatorias:
Agua, Calle, Cielo, Roto, Dolor, Albóndiga, Silencio, Soledad, Incercia, Tristeza.

Anónimo dijo...

¡El mago enseñando los entresijos (algunos) de sus trucos!

Me ha gustado bastante el final sanchopancino. Mucho.

Pedro López Manzano dijo...

Gracias mi anónimo amigo (¿anciana?, si eres tú, me regalaste hace mucho ese libro en que se mentaba a Job)

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