lunes, 21 de mayo de 2012

RESEÑA:¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Es una novela corta celebérrima por ser la base de la que parte Blade Runner de Ridley Scott, indiscutiblemente una de las mejores películas de la historia del cine de ciencia ficción. Y no voy a negar que mi aproximación ha sido por este motivo, con lo que he caminado de delante hacia atrás, por otra parte como casi todos sus lectores. Pero si queréis leer solo sobre la película, podéis hacerlo en miles de sitios. Aquí voy a hacerlo fundamentalmente de la novela de Philip K. Dick, que solo hay cientos.



En un futuro a medio plazo para 1968, año de su escritura, ubicado cerca de la actualidad -una de esas actualidades que nos presuponían por aquel entonces y que tan lejos están de nuestra “actualidad”-, la Tierra está cubierta, en mayor o menor medida por un polvo radioactivo posterior a una guerra nuclear, que va afectando genéticamente a los habitantes. Los sanos emigran mayoritariamente hacia los planetas colonia y son obsequiados en su salida con serviciales androides casi idénticos a los humanos, que tienen terminantemente prohibida su estancia en una Tierra cada vez más despoblada y decadente, llena de deficientes afectados por la radiación o empecinados en no emigrar. Los que se quedan se preocupan de demostrar su situación social siendo propietarios de alguno de los escasos y carísimos animales que aún viven, siguiendo la seudoreligión mercerista, basada en la empatía humana, o atendiendo al amigo Buster, un gurú mediático enemigo de los anteriores de una capacidad trabajadora casi inhumana.

En este bizarro mundo conocemos al ex-policía Rick Deckard, un hombre más bien anodino que trabaja como cazador de recompensas, esto es, eliminando los androides que abandonan las colonias y osan asomar su cabeza por la tierra, ya tan parecidos a los seres humanos que solo su ausencia de empatía puede delatarlos.

Deckard vive un matrimonio infeliz con una esposa depresiva y sueña con cambiar su oveja eléctrica por un animal real para dejar de sentirse inferior a sus vecinos, cuando recibe el encargo de acabar con unos modernos y peligrosos androides Nexus 6. Evidentemente se trata de un personaje bien alejado del carismático Harrison Ford de la película, no obstante creíble, interesante y bien construido.

Conforme Deckard va progresando en su misión también experimentará un viaje sin retorno que sacudirá el sistema de valores que regía su vida hasta ese momento, recolocándolo o, al menos, obligándole a cuestionárselo, y esta sacudida constituye el motivo principal de la historia. El cazador de recompensas sabe que un hombre vale más que un hombre deficiente, que a su vez vale más que un androide (llamados “andrillos” peyorativamente), por muy perfecto que sea éste, incluso los casi indistinguibles Nexus 6. Paralelamente un animal, que también será muy superior a los andrillos, experimenta una situación de similar superioridad respecto a sus imitaciones, los animales eléctricos, que objetivamente serían mejores que los frágiles vivos. P. K. Dick estira estas comparaciones, juega con ellas y las enreda, y se las entrega al lector para que las deslíe si lo desea. He aquí el gran acierto de la historia, que es el explotado en la película, si bien de forma diferente, más clara y lírica, prescindiendo casi por completo de la importancia que en la novela tienen los animales a favor de una acertada trama noir, casi inexistente en la novela.

La obra de Ridley Scott t ambién eliminará la vertiente religiosa: el mercerismo, cercano al cristianismo en el sentido del sacrificio y renacimiento, de vital importancia en la novela y que potencia la significación de la empatía, el gran diferenciador con los androides. Es aquí donde se aprecia al Dick “más Dick”. Me explico: PKD fue un buen escritor, caracterizado por unas ideas brillantes, radicales e innovadoras (y eso es bueno), pero también por dejarse llevar en narraciones liadas, demasiado extrañas e imprecisas, se dice que influidas por su abuso de drogas alucinógenas. No se si será cierto, pero muchas veces lo parece. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? No es la típica novela de PKD en este aspecto: es considerablemente clara, bien estructurada y, aunque sugiere conceptos complejos, los plantea bastante bien. Cuando más se nota al “Dick LSD” es en esta parte, pero no se propasa como en otras de sus obras. El más claro ejemplo en este aspecto sería VALIS o SIVAINVI según edición, que me pareció infumable.

Mención aparte merecen algunos de los inventos que aparecen en la novela, como la caja de empatía, un aparato cuyas asas se pueden agarrar para compartir sensaciones y estado anímico con el resto de los usuarios de ese momento: una red social extrema. También llama la atención el Órgano de Ánimos Penfield, cuyo usuario puede seleccionar las sensaciones que desea experimentar de entre una gran variedad, desde un estado depresivo hasta algo tan específico como “reconocimiento satisfactorio de la sabiduría superior del marido en todos los temas”. Por supuesto, también llama la atención el test de empatía de Voigt-Kampff, para distinguir androides de seres humanos. Maravillas surgidas de la imaginación de un escritor visionario.



En definitiva, una buena novela del mejor Philip K. Dick, interesante, disfrutable y de sobra diferente a Blade Runner como para poder disfrutarla independientemente.

3 comentarios:

Jolan dijo...

Aunque me valga la lapidación, hace tantos años que vi la película... que casi ni me acuerdo del argumento! (ya sé que es mítica, pero ha quedado sepultada por muchos recuerdos posteriores, qué le voy a hacer...) Así que sería una buena idea acudir al libro antes de volver a sentarme frente a la pantalla. Me consuela que digas que esta obra de Philip K. Dick es de las más claras y bien expuestas, porque de entrada reconozco que me cuesta un poco hacerme a la idea de qué derroteros adquiere su argumento.

Lo dicho, acabaré por comprar el libro y leerlo antes que volver sobre la peli.

Saludos.

Salvador Suto dijo...

Lo que más llama la atención es lo poco que se parece a Blade Runner, pero una vez que dejas de pensar en aquella y te centras en lo que lees, disfrutas del libro y todo lo distinto que tiene que aportar...

Me parece muy oportuno que para poder publicar este comentario que escribo el sistema de Blogger me proponga escribir un "Capcha" bajo el lema: "Demuestra que no eres un Robot"

Pedro López Manzano dijo...

Hola y gracias por comentar.

Jolan, no te preocupes por leer el libro antes que la peli, pues son de sobra diferentes como para tratarlos por separado. Además, hay muchas versiones diferentes de la peli (no necesariamente mejor el montaje más moderno), con lo que las coincidencias son si cabe menos. O sea, puedes verla y leerlo después sin problemas (en mi opinión).

Suto, plenamente de acuerdo. Con todas las partes del mercerismo, de la comisaría y el otro cazador de recompensas, el tontico... son absolutamente novedosas para el seguidor de la película, por lo que a la fuerza tiene la sensación de otra historia. Juas, juas, lo del captcha, ni a propósito ;)

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